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Como superar la ceguera emprendedora

La ceguera emprendedora es una especie de óxido que corroe desde adentro el alma y cimientos de tu negocio. El ego puede nublarte la visión hasta que no veas la salida.

Emprender es más que tener una buena idea; es más que descubrir o crear nichos de mercado; es más que olfatear oportunidades, y también es más que conseguir inversores y empezar. Es todo esto y más. Emprender es 10% idea y 90% ejecución y gestión.

El emprendedor sabe que ejecución y gestión son las claves para que la idea se convierta en una realidad.

Puedes iniciar tu compañía casi sin recursos pero sin gestionar no vas a llegar lejos. Y la gestión es una ciencia y un arte a la vez. Necesitas conocimientos para profesionalizar y llevar adelante tu emprendimiento pero también requieres de una dosis de espiritualidad que te permita sublimar el ego y aprender a escuchar a los expertos para poder hacer los ajustes que la empresa necesite e incluso pegar el golpe de timón a tiempo para evitar la catástrofe.

Es necesario estar enamorado del emprendimiento pero no se trata de un amor ciego sino de un amor sabio. Aquel te puede llevar al desastre, éste en cambio, te permite ser ágil, flexible, sensato, confiable y mejora las posibilidades de éxito de tu emprendimiento.

Si conoces el famoso principio del 90/10 de Stephen Covey, sabrás que la actitud es todo.

Aprender a gestionar y confiar en los expertos es un recurso valiosísimo para crecer. Tal vez, este cuento te sirva para comprender mejor de qué se trata esto de saber escuchar y aceptar ayuda para mejorar la gestión y los resultados:

“En un barrio concurrido, un hombre ciego estaba sentado en una esquina pidiendo limosna. En su cartel los transeúntes podían ver “Soy ciego, ayúdenme por favor”. A pesar de que a su lado pasaban muchas personas, ninguna dejaba dinero, y el vaso que el hombre tenía destinado a recibir las monedas se quedaba desesperadamente vacío.

La mañana ya estaba avanzada cuando un publicista pasó por la zona. Observó al hombre ciego, miró su cartel y vio como nadie daba dinero. Se quedó un rato pensando, luego se acercó al hombre, le dio la vuelta al cartel, escribió unas palabras y se fue.

Enseguida el ciego pudo notar el cambio. Mucha gente se paraba a su lado, y no dejaba de escuchar el ruido de las monedas cayendo en el vaso. No pasó mucho tiempo hasta que se llenó el recipiente. Deseoso de entender lo que había pasado, el hombre preguntó a uno de los transeúntes que era lo que ponía ahora el cartel. El desconocido le contestó. Dice: “Es un bonito día. Puedes verlo. Yo no.”



  • Ver original en EmprendedoresNews
  • Publicado el jueves diciembre 10, 2020


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