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Las economías de limosna

En términos económicos se entiende por economía de limosna aquella que subsiste en un alto porcentaje de la ayuda en dinero que le suministran los países industrializados a los países en vía de desarrollo, mediante la facilitación de los diferentes organismos multilaterales que han sido creados para otorgar empréstitos, los cuales van atados a una serie de condiciones que en la mayoría de los casos son bastante exigentes.

Para el estudio de las economías de limosna debemos considerar los cambios que surgen a raíz de la aceptación de estos recursos. Así las cosas y considerando que la política económica que es elegida democráticamente es la plataforma política, la brújula social de los dirigentes y la razón fundamental por la que los electores confiaron su voto en los gobernantes de turno, lo adecuado es que se mantenga esa plataforma política. Sin embargo, los modelos económicos en donde prevalecen las economías de limosna sufren modificaciones importantes por las exigencias que imponen aquellos países u organismos que prestan este tipo de ayudas.

Lo preocupante es que aquellos países cuyas economías dependen en buena parte de los empréstitos que les otorgan los organismos multilaterales como son el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, el Fondo Monetario Internacional, o cualquiera de los organismos internacionales que han sido creados para tal fin, deben cumplir con la aplicación de políticas económicas restrictivas que les imponen como condición fundamental para su acceso.

Los compromisos que se adquieren como contraprestación para acceder a esos dineros, por lo general rayan en extremos verdaderamente preocupantes, toda vez que los países deben cumplir con la aplicación de políticas austeras y restrictivas como condición primordial para ser beneficiarios de los empréstitos, limitando con ello la libertad y la autonomía en la aplicación de su política interna.

Esas exigencias, van desde la privatización de empresas del estado, que para los otorgantes son calificadas como improductivas, pasando por la reducción en el gasto público incurriendo con ello en despidos laborales, o mediante la adopción de políticas fiscales excesivas que en muchas oportunidades no consideran de forma responsable la difícil situación económica por la que atraviesan sus habitantes.

Haciendo un paréntesis en el análisis de las economías de limosna considero importante precisar el significado de limosnero. Se define como limosnero quien distribuye u ofrece la limosna. Así las cosas, frente al otro extremo de la línea económica se entiende que quien recibe la limosna se le denomina mendigo. Para el efecto, el diccionario de la real academia de la lengua define como mendigo la persona que habitualmente pide limosna.

Por lo tanto, no debemos calificar como limosneros a aquellos países que dependen buena parte de sus ingresos de las ayudas que les otorgan los países industrializados, o a aquellos países que reciben empréstitos de los organismos internacionales mediante la aprobación de créditos blandos o subsidiados, cuando en ningún momento esos países están entregando recursos y por el contrario los están es recibiendo.

Es importante advertir que no es perjudicial que los países reciban este tipo de beneficios económicos. Contrario a lo que se piense, si se toma esto como una alternativa de ingreso cuyos recursos son bien administrados bajo el principio de transparencia, beneficio, oportunidad y equidad, destinándolos al desarrollo de políticas económicas serias y supervisadas por los entes de control del estado, de tal forma que permitan efectuar inversión social y promover proyectos agrarios, industriales o empresariales supliendo así sus necesidades primarias, mal podríamos calificarlas como perjudiciales.

Lo malo de esta alternativa de subsistencia de los componentes de un país, radica en que las economías que los reciben generen dependencia de estos recursos al punto de que cuando no acceden a los mismos se corra el riesgo de que se desestabilice la economía del país que los espera recibir.

Con el fin de contrarrestar esta situación los países que fundamentan sus ingresos en este tipo de beneficios deben promover por la diversificación de su economía, propendiendo por el desarrollo y el adecuado aprovechamiento de sus recursos.

Para ello es necesario revaluar el modelo económico aplicado efectuando un estudio de sus recursos naturales donde se considere, entre otros, la fuerza laboral, los entes generadores de la economía, el nivel percápita del país y la fuente de recursos fiscales, de tal forma que se diseñen políticas responsables que permitan sustituir la mala costumbre de estar pidiendo ayudas a los países industrializados a sabiendas de que al interior de cada país existen fuentes importantes de recursos que bien aprovechados podrían suplir sus necesidades básicas.

Como puede concluirse, el estudio de las economías de limosna requiere de un análisis integral y amplio que tenga como objetivo primario cambiar la costumbre de estar extendiendo la mano a los países económicamente solventes para solicitar dinero y en donde se propenda por un cambio de mentalidad donde los países valoren sus fuentes de recursos generando con ello una política económica autónoma, digna y libre de compromisos y exigencias.

Luis Ignacio Majey Villa

Formación en Contaduría Pública con especialización en Supervisión y Control, énfasis en el manejo en control interno, normas fiscales, legislación financiera, auditoria de gestión, evaluaciones in-situ y extra-situ dentro del contexto general del sector financiero. Amplia experiencia en análisis financiero de entidades financieras, especialmente en Bancos, Sociedades Fiduciarias, Carteras Colectivas,...

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