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El todo para el todo: como gotas de cristal

Entender que el otro también tiene derecho a existir, ¡no es suficiente¡, caímos en la trampa del paradigma del metro cuadrado, válido tal vez en circunstancias de barbarie y anarquismo general, o en ciertas etapas de la vida donde los cambios biológicos y el desarrollo de la personalidad así lo requieran, pero se espera que en una sociedad madura que se dice medianamente “desarrollada” , haya reconocido por lo menos que coexistimos en una aldea compartida, donde los recursos son limitados y la salvaguardia de estos son responsabilidad de todos.

Es importante observar cómo los medios de comunicación con algunas valientes excepciones cada día más se soslayan en mostrar sólo lo que vende desde una perspectiva netamente económica, tras un rating avasallador cueste lo que cueste con tal de tener cautiva la inestable sintonía, además detallar cómo los sistemas educativos contemporáneos a pesar del esfuerzo de unos pocos, quedan anclados en disposiciones legales y relleno de requisitos con programas “validos de por sí”, pero que quedan enterrados, anquilosados, archivados, convertidos en formatos de papel o en palabras que se las lleva el viento, eclipsando multitudes de vidas que merecían un mejor porvenir, y también tal vez como resultado de las anteriores, reconocer en las nuevas raíces culturales nacientes dentro de un entorno hostil, despiadado en medio de una competencia inverosímil por la supervivencia del más fuerte; una cultura ensimismada, abstraída en la búsqueda de la satisfacción de sus propios deseos, innegociables, irremplazables, porque “así soy yo” y “a mí que me importa”, marcan un derrotero igualmente inadmisible.

Es así como somos sorprendidos cada vez más por la era del individualismo y el consumismo compulsivo, la era del super yo, donde se les enseña a las nuevas generaciones que lo más importante es marcar su territorio, ser campeón, colocar su bandera, comprar, gastar, invertir, tener lo suyo, y luego de un día de arduo trabajo, llegar a “nuestro” hogar, cerrar “nuestra” puerta y como la avestruz, pensando que con hundir nuestras cabezas en cómodos y merecidos almohadones, nos escondemos de muchas realidades, tras la bitácora de “nuestra” caja mágica, “nuestro” televisor, mirando a través del cristal enmohecido, tratamos de expiar nuestras culpas, silenciar nuestras conciencias, y creer que hemos hecho la tarea.

De nuevo, al otro día, salimos y seguimos protestando por las mismas cosas, eligiendo a los mismos gobernantes puestos en su mayoría y con escasas excepciones por una pequeña elite del poder financiero o económico interesada en continuar con este aniquilador sistema, y entumecidos seguimos buscando los mismos culpables, mientras en medio de nuestra profunda inconsciencia, de nuestra no elegida sino impuesta ignorancia adormecida de nuestro egocentrismo, seguimos usufructuando los escasos recursos naturales que aún nos sostienen, continuamos percibiendo como miles y tal vez millones de niños y adultos mayores en el mundo, tal vez, solo tal vez hoy no tendrán que comer, ni un lugar donde recostar sus cabezas.

Aunque hayamos aprendido el valor del auto-reconocimiento, aunque de pronto ya hayas descubierto el poder de la templanza, la resiliencia (capacidad de asumir el dolor), la riqueza del agradecimiento y la existencia del otro dentro de tu entorno cotidiano, definitivamente, ¡no es suficiente!; haz de cuenta que por fin has descubierto que tienes los bolsillos llenos de riquezas, de dádivas y ofrendas; ¿de qué nos vale?… si no hemos aprendido a entregar, a dar, a darnos, a ofrendarnos, por la vida, por el otro, por el que no tiene, no solo como solución cortoplacista netamente asistencial, sino como dádiva permanente por la vida, por el todo, reconociéndonos como pequeñas y frágiles gotas de cristal en medio de un hermoso y portentoso océano, conformado por todos , para todos, con todos, una nueva visión incluyente, donde el otro, llámese naturaleza, medio ambiente, ecosistema, congénere, sea cual fuere, también es mi responsabilidad, más que mi hermano, mi otro yo, mi yo incluido, para acompañarle, protegerle, animarle, apoyarle, comenzando por los más débiles e indefensos, por el hermoso hábitat que nos sostiene y nos provee, una visión verdaderamente holista (no solo integradora) desde lo social, lo público, lo ambiental, lo educativo, lo de todos para todos, como protesta a la lógica de supervivencia Darwiana y como marca de madurez de una sociedad que merece revitalizarse inteligentemente y de manera inclusiva, si es que de verdad deseamos poder disfrutar de un futuro más prometedor.

¡Sí!, dar, darse, entregarse, fusionarse, desapegarse, así como todas las otras especies han sobrevivido entre sí durante millones de años, dar una sonrisa, un abrazo, una voz de ánimo, un buen comentario, una buena solución, una mano amiga, un aquí estoy para las que sea incluso con el precio de nuestra propia vida, que ya no sería nuestra sino del todo y para el todo.

Hoy es un buen día, un hermoso y reluciente día para reaprender a dar, sin esperar recibir, solo por dar, por contribuir, por ser mejor persona, mejor amigo, mejor padre, mejor hijo, mejor vecino, mejor ciudadano protector de este bello mundo, …. en fin:

Ser, mejor ser humano.

Con respeto y aprecio

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Ivan Dario Montoya C

Consultor Educativo y Organizacional con más de 10 años de experiencia a nivel nacional, experto en el desarrollo de Programas Educativos Integrales dirigidos a Instituciones Educativos de todo tipo. Administrador de Empresas de la Universidad Nacional de Colombia y fundador de la Escuela Nacional de Formación y del grupo Sinergia,...

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