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Gestión de las emociones dentro de la empresa

Manifestar emociones en el trabajo muchas veces conlleva una verdadera angustia. Las reacciones emocionales inesperadas son percibidas como inapropiadas. A fin de cuentas, “en el trabajo estamos para cumplir y no para dar rienda suelta a nuestras penas”.

Esto es lo que piensan muchos directivos, incómodos tanto con las emociones de los demás como con las suyas propias, preguntándose “qué hacer” en vez de “cómo estar”, que es donde se encuentra la respuesta para gestionar esas situaciones.

¡Experimentar emociones en la empresa es sano, porque es humano! Charles Darwin (1809-1882), británico, pionero de la teoría moderna de la evolución, definía, en 1872, seis emociones básicas que son la tristeza, el miedo, la cólera, la aversión, la sorpresa y la alegría. Las emociones han ayudado a la supervivencia de nuestra especie. Así, mi tristeza engendra en ti compasión (sí, sí, ¡a veces incluso en la empresa!), mi miedo inhibe mis acciones, mi cólera te impresiona y evita el combate físico, mi alegría, comunicativa, me incita a reaccionar.

Experimentar esas emociones es normal, incluso en un contexto de trabajo, pero también debemos aprender a gestionarlas y evitar que ocupen demasiado espacio. Así, Daniel Goleman, psicólogo americano contemporáneo y creador de la “inteligencia emocional” define esta habilidad como “la capacidad de reconocer las propias emociones, así como las de otros, y de saber gestionarlas en las relaciones con los demás”.

Pero la gestión de las emociones, como el liderazgo, el violoncello o el diseño, es un arte que, si no se tiene innato, también se puede aprender. Por ejemplo, los participantes del EMBA de HEC Paris tienen sesiones específicas sobre la materia. Porque en el trabajo conseguimos resultados, pero también gestionamos emociones. Y es una habilidad indispensable del líder de hoy en día. Porque hay que aprovechar las turbulencias emocionales para desarrollarse y crecer.

Pero ¿cómo gestionar las emociones en ámbito empresarial?

Para gestionar nuestras emociones, lo primero que tenemos que saber es que contrariamente a lo que se piensa, las emociones no se controlan; es la manera de expresarlas lo que se puede controlar. Así, cuando sentimos que nos invade la cólera porque un compañero ha sacado un tema inconveniente en una reunión, nos interesa dejar pasar tres o cuatro días para poder expresar esa sensación de forma calmada, en el momento adecuado y con las palabras apropiadas.

Antes de “hacer” algo, se trata más bien de “estar” en contacto con las propias emociones: tomar un momento breve para respirar profundamente, admitirlas y aceptarlas. Lo cual no quiere decir que digamos “esto está bien”, sino “esto está aquí”. Debemos preguntarnos si es un buen momento o no para expresarlas con la debida distancia emocional y sin caer en el desahogo o la represión. Y debemos averiguar por qué mi compañero me causa tanta furia. Tal vez sea porque reconocemos en él nuestro propio defecto. ¿Y si ese compañero me estuviera dando la oportunidad de trabajar esa parte de mí? A lo mejor, gracias a esto aprendemos y un día agradecemos al destino haberlo puesto en nuestro camino.

La empresa se abre cada vez más a la expresión pausada de las emociones y debemos prepararnos. Porque gestionar las emociones, muchas veces, es el trabajo de toda una vida.



  • Ver original en Forbes Mexico
  • Publicado el jueves julio 4, 2019


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