"El manifiesto de la felicidad": ¿Puede un país aprender a ser feliz? - deGerencia.com
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«El manifiesto de la felicidad»: ¿Puede un país aprender a ser feliz?

La idea de medir la felicidad —o el bienestar— puede parecer una empresa arriesgada. ¿Cuáles serían los parámetros de medición de un intangible así? Amplíe primero el concepto para la medición de la felicidad de un país entero; a continuación, compare el nivel de felicidad de diferentes países: aquí reside el desafío para los economistas; por lo menos es lo que parece. Lo que sucede es que hay algunos defensores improbables, otros hasta muy conocidos, de un índice de felicidad a lo que les gustarían que la población de un país fuera feliz viviendo en un ambiente que promoviera el bienestar y el éxito económico. Es el caso del primer ministro de Reino Unido, David Cameron. El año pasado, él anunció que el Gobierno creará un índice de bienestar nacional. Cameron dijo que el concepto de medición de la felicidad podría ser interpretado perfectamente como algo «visionario e impracticable», pero él lo considera importante. Es lo que piensa también el presidente francés, Nicolas Sarkozy, que formó un equipo integrado por dos ganadores del Premio Nobel de economía cuya misión consiste en crear un sistema que mida el bienestar de la nación. En China, los índices de felicidad se han vuelto tan comunes que las ciudades chinas se disputan el título de ciudad más feliz del país. Detrás de esa idea está el concepto de que la medición puramente económica del desarrollo de un país —medida, entre otras cosas, por el PIB (producto interior bruto)— no toma en cuenta un conjunto de cosas que para las personas tienen un valor inmenso como, por ejemplo, sus relaciones personales y con la comunidad de la que forman parte, o el respeto por el medio ambiente. Las mediciones exclusivamente económicas también toman en cuenta, como factor positivo, ítems cuyas consecuencias son visiblemente negativas. Una fuga de petróleo de grandes proporciones, por ejemplo, exige un esfuerzo de limpieza colosal en que la mano de obra empleada, así como el material que se utilizará en el proceso, son factores que agregan valor al PIB. Al mismo tiempo, sin embargo, los efectos negativos sobre el medio ambiente o sobre las personas directamente afectadas —pescadores, por ejemplo, cuya renta disminuye— no se toman en cuenta. Para aprender un poco más acerca de cómo la medición de la felicidad encaja en la escala económica y humana, [email protected] conversó con Nic Marks, autor del libro electrónico, «El manifiesto de la felicidad: Cómo los países y las personas pueden promover el bienestar» [The Happiness Manifiesto: How Nations and People Can Nurture Well-Being]. Marks es estadístico, psicólogo y fundador del Centro de Bienestar [the Centre for Well-Being] de The New Economics Foundation, en Reino Unido…



  • Ver original en Universia Knowledge @ Wharton
  • Publicado el miércoles octubre 19, 2011


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