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Cinco claves para entender la nueva crisis global

El recuerdo de los peores año de la crisis sobrevuela de nuevo los mercados. El comienzo de 2016 ha venido marcado por el hundimiento de la confianza en la recuperación global, lo que se ha traducido en un fuerte castigo a los mercados, que vuelven a teñirse de rojo con caídas que recuerdan aquellos primeros compases del pánico por las «subprime». «En el fondo, el desarrollo de los acontecimientos en los últimos meses tienen más semejanzas que diferencias con lo que vivimos en 2008. En aquel momento los detonantes fueron una crisis de crédito y del sector financiero; ahora han sido los emergentes y el crudo. Entonces había problemas fundamentales detrás de la crisis; ahora estos problemas se desarrollan con una cuestión de confianza de fondo. Pero en ambos casos estamos ante un juego de dominó cuyas piezas van cayendo una a una», explica José Luis Martínez Campuzano, estratega de Citi Bank en España. A continuación siguen las cinco claves para entender la nueva crisis (o la nueva etapa de la misma) que amenaza la economía global: 1. La velocidad del deterioro de China La primera potencia mundial, además de estar corrigiendo la tremenda burbuja bursátil -la Bolsa se había revalorizado un 150% en doce meses-, está intentando girar su economía desde un modelo de crecimiento centrado en las exportaciones y la inversión, hacia otro más orientado al consumo privado. Esto se ha reflejado en un lento pero gradual avance del sector servicios, al tiempo que los excesos de capacidad mantienen a la industria en recesión. El problema es que la transición está siendo más lenta de lo esperado, lo que ha generado una moderación del crecimiento más intensa de lo esperado tanto por las autoridades chinas como por el mercado. Además, el fuerte endeudamiento acumulado en la década de expansión previa a 2010, está provocando un aumento de la morosidad empresarial, lo que se ha convertido en la principal amenaza para estabilidad financiera del gigante asiático. Todo esto ha desencadenado fuertes salidas de capital del país, tanto de inversores residentes como extranjeros, y el yuan sufre una fuerte presión a la baja que ha disparado las alarmas entre los inversores. El Banco Central de China ha tenido que intervenir en varias ocasiones para contener la velocidad de la depreciación, lo que ha hecho caer en picado sus reservas, que han caído en seis meses más de 600.000 millones de dólares. 2. Devenir incierto de Estados Unidos El año 2015 ha terminado para la economía norteamericana con un «bache» que ha puesto nerviosos a los mercados. Y es que la segunda economía mundial ha tenido que encajar en el último año tres golpes. El primero, el hundimiento de los precios de la energía provocado por las industrias del «shale», «fracking», etc… que están obligando a un fuerte ajuste de capacidad con sus consecuentes quiebras empresariales. Desde Afi, destacan que «este es un sector que había recurrido a un nivel de apalancamiento elevado en un entorno de tipos muy bajos durante los últimos 5-7 años». Los otros dos factores están muy relacionados con la política monetaria de la Reserva Federal. La apreciación de dólar (que supera el 20% en el último año) ha ido en paralelo al descuento de subidas de tipos por parte del banco central americano. «En un entorno de inflación muy controlada, las condiciones financieras se han tensionado de forma bastante intensa, haciendo parte del trabajo a la Fed», aseguran los analistas de Afi. «Así, el efecto conjunto de estas tres variables ha provocado que, desde finales de 2015 la economía de EEUU esté atravesando un período de bajo crecimiento (a un ritmo del 0,2% o del 0,3% del PIB trimestral), liderado por la fuerte desaceleración del sector exterior, y las manufacturas, que a su vez han retraído el avance de la inversión en el PIB», matizan. Los expertos, pese a todo, esperan que esto sea sólo un «bache» y que a partir del verano ésta economía recupere niveles de crecimiento ligeramente superiores al 2%. 3. Emergentes en peligro El efecto arrastre de China se ha dejado notar especialmente en las economías emergentes. La menor pujanza de la industria del gigante asiático ha hecho que se hundan sus importaciones de materias primas de las principales economías emergentes (muy dependientes de estas ventas), lo que a su vez se ha unido a la apreciación del dólar y las subidas de tipos de esta divisa, generándose así un escenario perfecto de salida de capitales de estas economías. Los mercados exigen a las economías emergentes cambios estructurales en sus modelos de crecimiento para mantener sus crecimientos en el nuevo panorama económico mundial. 4. El euro y el riesgo de un «estancamiento secular» El dinero prácticamente gratis ha impulsado el consumo y la inversión en el área euro y los niveles de confianza se mantienen al alza. Ahora bien, no son pocas las voces que aseguran que el crecimiento registrado estos últimos trimestres es menor a la esperada y alertan de que los agujeros negros de la economía europea siguen sin resolverse. Y es que a pesar de los vientos de cola proporcionados por el petróleo barato, la gradual recuperación del crédito bancario y financiación en los mercados de capitales, los niveles de inversión siguen siendo escasos y no permiten reducir de forma sustancial las cifras de paro. El fantasma de un estancamiento secular sobrevuela ahora el Viejo Continente, en un entorno en el que juegan en contra la apreciación del euro, la desaceleración del comercio mundial (China y emergentes), los nulos avances en la unión fiscal y las renovadas dudas sobre el sector bancario y su capacidad para canalizar los estímulos del BCE. 5. Petróleo en precios históricamente bajos El desplome del crudo está ahogando las economías de los países productores, tanto los de la OPEP como los que no pertenecen a este cártel. Incluso en Estados Unidos se han cerrado numerosas industrias de «fracking», ya que no son rentables con los precios actuales. Venezuela es otro de los países que están «con el agua al cuello» desde el punto de vista económico, ya que necesitaría que el petróleo estuviese a más de 100 dólares el barril para cuadrar sus cuentas. En aquella región, Brasil, Argentina y Ecuador también están sufriendo las consecuencias de tener un crudo muy barato. Brasil y Ecuador han visto muy mermados sus ingresos por las exportaciones de petróleo y gas –cuyo precio va ligado al del crudo–, mientras que Argentina padece la falta de inversiones en la industria petrolera. De hecho, el megayacimiento de Vaca Muerta está paralizado. Nigeria –el mayor productor de petróleo de África– y Angola, ambos miembros de la OPEP, también han tenido que reajustar sus presupuestos por la caída de los precios, ya que son economías que dependen en más de un 90% de los ingresos por el crudo. Por el contrario, este desplome del crudo está beneficiando a los países desarrollados que son importadores, como España, que se ahorró el año pasado más de 17.000 millones de euros en su factura energética…



  • Ver original en Diario ABC
  • Publicado el miércoles febrero 10, 2016


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