De “empresa familiar” a “Familia Empresaria”

Aunque el título del artículo parezca un juego de palabras, estos dos conceptos tienen interpretaciones diferentes:

Empresa familiar, es aquella empresa cuya administración y propiedad está en poder de una o más familias, y en la cual, aún, no se ha identificado, analizado y formalizado las interacciones entre los miembros de la familia y la empresa de la cual son propietarios, por lo que es usual que existan “trampas o confusiones” que le están restando competitividad.

Familia Empresaria, un equipo de personas, con vínculos familiares entre ellos, que promueven la implantación de “buenas prácticas” y el desarrollo de las ventajas competitivas en los negocios de los cuales son propietarios, entendiendo que estas empresas son y/o serán fuente de generación de valor para ellos.

La continuidad de los negocios familiares es baja; en el Perú se estima que solo 20% y 5% alcanzan con éxito la segunda y tercera generación respectivamente, y es seguro que la mayoría de las crisis son originadas involuntariamente, pues ningún empresario piensa en dañar a su negocio o las relaciones familiares cuando decide que su familia se relacione con la empresa que el fundó.

Es la falta de conocimiento de las características y particularidades del sistema que se crea al interactuar familia con empresa, lo que origina un proceso involuntario de “confusiones”, siendo estas “trampas” las que desencadenan la paulatina pérdida de competitividad del negocio, pudiendo llegar un momento, en que bajo la propiedad de la familia, la empresa ya no es viable en el mercado. Estas crisis suelen implicar una pérdida de patrimonio familiar, y a veces, algo peor, un deterioro de las relaciones familiares.

Todos los empresarios que han logrado éxito en sus empresas y que desean mantener la propiedad y/o gestión en poder de su siguiente generación, deben participar en el proceso de cambio a “Familia Empresaria”, es una oportunidad que debe ser aprovechada, más bien, podría ser una amenaza o debilidad, el no realizarlo.

También existe un aspecto importante a considerar para iniciar este proceso, y es la responsabilidad que tiene el empresario de prevenir y evitar que la interacción entre “familia y empresa” no se convierta en un factor de riesgo o amenaza, pues cuando no se logra éxito en la continuidad, no solo se afecta a la familia propietaria, es usual que también se vean afectados otros participantes, tales como, los trabajadores, proveedores, sistema financiero, estado, clientes, etc.

El proceso de cambio a “Familia Empresaria”, es paulatino y estructurado, e incluye el análisis, evaluación, definición e implantación de un conjunto de actividades que buscan lograr lo siguiente:

1.- Mantener la competitividad de la empresa, a fin de mantenerla como fuente de bienestar económico de la familia.

Lo anterior, entre otras actividades, se logra con la implantación de “buenas prácticas” de gestión y gobierno en las empresas propiedad de la familia, es decir su profesionalización, hay que considerar que es necesario, pues las empresas operan en mercados muy competitivos, sujetos a riesgos; económicos, nuevos productos, competencia, etc.; que impactan en los resultados empresariales.

2.- Constituir y/o mantener a la familia, o parte de ella, como un equipo de trabajo; es decir, un conjunto de personas que tienen la misma visión, metas y reglas en la relación con la empresa de la cual son y/o serán propietarios.

Para que un negocio familiar tenga éxito, es importante mantener una familia: unida; con respecto a su empresa; preparada, para los roles que les corresponda desempeñar, “La clave no está en preparar el patrimonio empresarial para la familia sino, al contrario, en preparar a la familia para el patrimonio empresarial”, y comprometida, para evitar y prevenir la confusión entre familia y empresa.

Una “familia empresaria” tiene menos riesgos que una “empresa familiar”, de ahí que las primeras logren generar mayor valor para sus miembros, mientras que la mayoría de las “empresas familiares” tienden a desaparecer o perder una parte importante de su patrimonio durante la segunda generación o en el tránsito hacia la tercera.

A efectos de incorporación de un socio, evaluación crediticia, reestructuración patrimonial o ingreso al mercado de capitales, una “empresa familiar” implica mayor riesgo que un negocio propiedad de una “familia empresaria”.

Siendo el límite entre familia y empresa muy difuso, participar del proceso de preparación de un “protocolo familiar”, ayuda a iniciar el proceso de cambio; si bien el protocolo no es una panacea donde la familia y/o la empresa serán inmunes a los conflictos o crisis, sí podemos afirmar que con él se estará mejor situado para afrontar situaciones difíciles e, incluso, para que ellas sean menos frecuentes.

Luis Scerpella

Gerente general del CENDEF y fundador del mismo. Es administrador de empresas por la Universidad del Pacifico y cuenta con estudios de especialización y actualización en el Programa de Alta Dirección de la Universidad de Piura. Tiene amplia experiencia laboral como gerente de importantes empresas nacionales y como consultor de...

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