La economía española, el reto de crecer en un entorno menos favorable - deGerencia.com
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La economía española, el reto de crecer en un entorno menos favorable

La economía española cerrará este año con un crecimiento en el entorno del 3,2%, muy por encima de la media de los países europeos, y eso a pesar de la incertidumbre política que ha habido en el país durante casi todo 2016. ¿El secreto? Además de las reformas emprendidas en los últimos años, factores como el bajo precio del petróleo y la política monetaria del BCE, que ha inundado de dinero barato toda Europa, han actuado como vientos de cola. La cuestión ahora es poder mantener el ritmo de crecimiento y de creación de empleo, alrededor de 500.000 nuevos puestos de trabajo anuales en los dos últimos ejercicios, en un entorno menos favorable, ya que el precio del petróleo ha empezado a repuntar y la reciente subida de tipos en EE.UU. podría trasladarse progresivamente a Europa si la inflación repunta.

Además, la fiebre proteccionista que parece azotar a medio planeta al calor del avance de los populismos introduce nuevos elementos de incertidumbre. Las citas electorales en países como Francia o Alemania serán determinantes en el año que está a punto de comenzar. Especialmente para una Eurozona cuyo crecimiento sigue al ralentí y que aún registra periódicos momentos de tensión, como el reciente episodio del sistema financiero italiano. Y que aún tiene pendiente la negociación política del Brexit.

La mayoría de los expertos aboga por alzas de salarios, siempre y cuando haya un aumento de la productividad
Pero al margen de un contexto repleto de incógnitas, los expertos consultados para este reportaje parecen coincidir en que la clave para apuntalar la recuperación se debe interpretar en clave interna. La aritmética electoral ha dibujado un mapa parlamentario que empuja a buscar grandes acuerdos sobre las grandes reformas pendientes (pensiones, financiación autonómica, educación…), pero que también podría acabar provocando justo el efecto contrario. La posibilidad de que se acabe dando marcha atrás en las reformas ya implantadas, como la laboral, no es un escenario improbable.

En este sentido, el FMI en su último informe sobre nuestra economía, reconoce los logros alcanzados en estos últimos años, aunque al mismo tiempo adverte que «es fundamental preservar lo que se ha logrado con las reformas. España debe avanzar más para mantener su dinamismo , reducir las vulnerabilidades y las debilidades que aún existen, por lo que es fundamental centrarse en reiniciar una consolidación fiscal gradual con el fin de situar el alto volumen de deuda en una firme trayectoria descendente, reducir el elevado desempleo estructural y de larga duración y elevar el lento crecimiento de la productividad de las numerosas pymes».

Una prueba de que la coyuntura va a cambiar es que el propio Gobierno ha cifrado la previsión de crecimiento económico en el 2,5% para 2017, y las perspectivas es que en los años siguientes la tónica sea la misma, fruto de que no se esperan cambios sustanciales en la productividad del empleo y en el mencionado desempleo estructural.

Medidas adicionales
La tesis del FMI es que «las reformas aplicadas por parte del Gobierno han atenuado la tendencia a la desaceleración económica estos años y son prueba de que, con medidas estructurales adicionales, se pueden mejorar las perspectivas de crecimiento a medio plazo».

Según la entidad presidida por Christine Lagarde, el Gobierno «puede permitirse un aumento de los ingresos con una reducción gradual de las excenciones del impuesto sobre el valor añadido, de modo que su recaudación se asemejaría más a la de otros países de la UE». En esta receta fiscal, que el Ejecutivo parece haber atendido solo en parte, el organismo de Washington también ve margen para aumentar «los impuestos especiales y las tasas medioambientales, y abordar las ineficiencias y tratamientos diferenciados del sistema tributario. Junto con la reducción ya adoptada de los tipos de los impuestos de sociedades y sobre la renta de las personas físicas, estas medidas recaudatorias permitirían trasladar la carga tributaria de forma favorable al crecimiento, de la fiscalidad directa a la indirecta».

Por el lado del gasto, el FMI plantea «revisiones en profundidad de las partidas de sanidad y educación, al tiempo que se deberían poner en marcha sistemas de protección para los grupos vulnerables y mejorar la eficacia de los programas de gasto directamente dirigidos al empleo y al crecimiento, como las políticas activas de empleo y los destinados a la investigación y desarrollo públicos».

Los expertos coinciden en que seguir avanzando en las reformas y atajar el déficit serán claves para consolidar la recuperación
En cuanto a la reforma de la financiación autonómica, una de las eternas asignaturas pendientes de España, el Fondo cree que «sin reforma habrá un serio riesgo para la consecución de los objetivos fiscales, de modo que habría que dar a las Comunidades mayor capacidad de movilización de sus propios ingresos, al tiempo que deberían ligarse las transferencias a los resultados, a fin de incentivar avances en áreas como la aplicación de la Ley de la Unidad de Mercado y las políticas activas de empleo».

Otra de las instituciones que nos vigila de cerca es la Comisión Europea, con el titular de Asuntos Económicos, el francés Pierre Moscovici, a la cabeza. El último informe de Bruselas sobre nuestra economía, publicado en noviembre, advertía ya que el año 2017 será peor y rebajó el crecimietno hasta el 2,3%. En materia de déficit tampoco se mostró más condescendiente ya que cree que el desfase de las cuentas públicas de nuestro país en 2017 alcanzará el 3,8% del PIB y como el objetivo que tenemos fijado es del 3,2% habrá que hacer un ajuste de un 0,6% del PIB, equivalente a 5.500 millones de euros. El Gobierno español se ha mostrado confiado estos últimos meses en que cumplirá las metas impuestas por Bruselas.

Diferentes previsiones
Sin embargo, el comisario Moscovici, aseguraba en una reciente entrevista con ABC, que «la Comisión Europea siempre tiene razón en sus previsiones de déficit, como se ha demostrado a lo largo de estos años. En todo caso aún no tenemos los Presupuestos con lo que aún puede haber cambios pero, a primera vista, nuestra diferente previsión tiene su origen en el diferente cálculo que hacemos de la previsión de crecimiento económico y de los ingresos fiscales que se derivan de él».  Al margen de los fríos datos, la Comisión Europea considera que la demanda interna continuará siendo el principal motor del crecimiento económico, junto a la actividad del sector exterior. En cuanto al paro, uno de los problemas casi endémicos de España, la previsión de Bruselas es que continúe rebajándose en los próximos años pero, pese a ello, se situará en el 16,5% de la población activa en 2018, una cifra altísima para este indicador.

La desaceleración se da por hecha:el Gobiern prontostica un crecimiento del 2,5% para 2017
Y en todo este marasmo de cifras, los analistas muestran cierto consenso en que hay que seguir adelante con las reformas estructurales ya que, aunque con desigual impacto, han sido positivas por ejemplo en creación de empleo, aunque en este caso no han sido suficientes para reducir la temporalidad y el desempleo de larga duración. En materia de salarios sorprende que la mayoría de los expertos aboga por alzas, siempre y cuando vengan aparejadas de un aumento de la productividad. Los analistas también coinciden en pedir también mayor control en el gasto para que el esfuerzo tributario no ahogue a empresas y consumidores.

Tipos al alza
Otro de las previsiones en que coinciden es la de los tipos de interés: el actual escenario puede empezar a tocar fin en 2018, de modo que a partir de la segunda mitad de 2017 el Euribor, índice al que se referencian la mayoría de las hipotecas, podría empezar a subir de manera moderada. Al margen de este impacto más bien doméstico, las partidas de financiación de la deuda, tanto pública como de las empresas, también acabarían aumentado significativamente su coste. En otras palabras, uno de los principales factores del viento de cola que empujaba a la economía española se agota. La pregunta del millón es si se podrá seguir creciendo en este escenario más adverso de forma sólida y a un ritmo sostenido que permita seguir creando empleo.

El desafío salarial

Miguel Cardoso, economista Jefe para España en BBVA Research

Retos para 2017 hay muchos, pero de entre los económicos, los más importantes se pueden resumir en mantener el crecimiento, incrementar el empleo y aumentar los salarios. Respecto al primero, la recuperación empezará a encontrarse con cada vez mayores resistencias. Por ejemplo, desde el exterior, el entorno será algo menos favorable al aumentar el precio del petróleo, al registrarse un descenso en las exportaciones de bienes y servicios al Reino Unido (Brexit) y al debilitarse los efectos positivos de la política monetaria. A nivel interno, la «demanda embalsada» (aquella acumulada en los años de incertidumbre), se empieza a agotar, mientras que la política fiscal se tornará contractiva, después de dos años de expansión.

Capital humano: «El crecimiento de los salarios estará determinado por el aumento de la productividad laboral»
Respecto al empleo, uno de los principales escollos será la incertidumbre que se pueda observar sobre el marco legal que habrán de enfrentar las empresas durante los próximos años. En particular, recientes decisiones jurídicas, junto con el debate sobre la reforma laboral en el Congreso, pueden elevar la incertidumbre sobre la contratación y la inversión. Todos los análisis que se han realizado al respecto de los efectos de la reforma laboral apuntan a que ha tenido beneficios que justifican su mantenimiento, al mismo tiempo que ponen de manifiesto la insuficiencia de las medidas aplicadas, sobre todo para reducir la temporalidad y el desempleo de larga duración.

Por último, el reto más importante durante los próximos años será el de incrementar los salarios. A corto plazo, la remuneración media continuará cayendo. Esto no es sino la consecuencia de un «efecto composición»: los trabajadores que encuentren empleo lo harán a un salario inferior a aquel que ganan aquellos que actualmente tienen un puesto de trabajo. Una vez que se absorba el elevado desempleo generado por la crisis, el crecimiento de los salarios estará determinado por el aumento de la productividad laboral, que depende crucialmente del capital humano. Aquí, habrá que trabajar en dos frentes. Por un lado, es necesario elevar la calidad de la educación y, al mismo tiempo, reducir la tasa de abandono escolar temprano. Sin embargo, existe una proporción elevada de la fuerza laboral que ya ha abandonado el sistema y que lo ha hecho con un nivel educativo poco adecuado para las necesidades actuales de las empresas. Para estas personas, es necesario fomentar una modernización de las políticas activas y pasivas de empleo que les permita acceder a un puesto de trabajo mejor remunerado.

El favorable escenario de tipos de interés llega a su fin

María Jesús Fernández, economista Sénior de Funcas

Uno de los factores sobre los que se ha sustentado la recuperación de la economía española ha sido la caída de los tipos de interés. Su efecto sobre el crecimiento del consumo y de la inversión se ha transmitido no por el canal convencional del estímulo al aumento del crédito, sino por la vía de una intensa reducción de los pagos por intereses de unos hogares y empresas que estaban muy endeudados.

Pero este favorable escenario ha llegado a su fin. La progresiva normalización de la política monetaria en Estados Unidos, junto a la anticipación de una política fiscal expansiva tras el triunfo electoral de Trump, han elevado los tipos de interés a largo plazo en dicho país, y el ascenso inevitablemente se ha trasladado a Europa, a pesar de que el BCE ha anunciado que seguirá comprando deuda durante todo 2017.

Nuevo ciclo: «Con el cambio de escenario en los tipos desaparecerá uno de los factores impulsores de la recuperación»
Este ascenso se reflejará en un aumento del coste del crédito, y, en consecuencia, aunque aún de forma moderada, un menor estímulo al nuevo endeudamiento para financiar consumo, inversión o adquisición de vivienda. El impacto sobre las cuentas de los hogares y empresas ya endeudados también va a ser, por el momento, reducido, puesto que su endeudamiento ha caído notablemente –desde un 215% del PIB en 2009 hasta aproximadamente un 160% en 2016-, y los tipos van a seguir muy por debajo de los niveles alcanzados entre 2008 y 2012. Además, en el caso de los hogares, la mayor parte de su deuda está vinculada a los tipos a corto plazo, y estos están ligados a la política de tipos del BCE. Es probable que comience a vislumbrarse una retirada de los tipos negativos en 2018, en cuyo caso el Euribor a un año empezaría a subir en la segunda mitad de 2017, pero de forma muy suave.

El impacto sobre las cuentas públicas también va a ser, por el momento, contenido, ya que la deuda que vence en 2017 y que va a ser refinanciada fue emitida a tipos superiores. Pero dado nuestro elevado nivel de endeudamiento público, de cara a los años posteriores, el inicio de la fase ascendente del ciclo de tipos resulta preocupante.

En suma, con el cambio de escenario de tipos de interés, desaparece uno de los factores impulsores de la recuperación de los últimos años, y aunque el impacto en 2017 va a ser todavía limitado, debemos empezar a tener en mente las implicaciones para años posteriores.

No pifiarla

Ángel de la Fuente, director ejecutivo de Fedea

De cara al año que entra, la primera prioridad de la política económica española tiene que ser no pifiarla. O dicho de una forma algo más técnica, no hacer nada que pueda poner en peligro la recuperación o la vuelta gradual al equilibrio presupuestario.

España empieza por fin a medio salir del agujero en el que nos ha sumido la peor crisis económica que hemos sufrido en más de medio siglo. Tras seis años nefastos, en los dos últimos ejercicios hemos vuelto a crecer y a crear empleo y hemos conseguido estabilizar la deuda pública. Pero queda mucho por hacer. Seguimos teniendo más de cuatro millones de parados, de los cuales más del 40% llevan más de dos años sin trabajar. El elevado paro de larga duración es un componente importante, pero no el único, de una preocupante situación social caracterizada por un fuerte deterioro de los indicadores de pobreza y desigualdad en los últimos años. También sigue siendo preocupante la situación de nuestras cuentas públicas, con un nivel de deuda superior al 100% del PIB y un déficit por encima del 5% al cierre de 2015.

Ocurrencias: «No hay margen para improvisados desahogos populistas que perjudican a los que quieren ayudar»
Para ir resolviendo todos estos problemas, necesitaríamos un ciclo largo de crecimiento sin sobresaltos que nos permitiese reducir el paro a niveles soportables, mejorar los salarios y reducir la precariedad en el empleo y recortar la deuda pública hasta niveles que nos den un cierto margen ante la próxima recesión. Por desgracia, hay demasiados factores de incertidumbre ahí afuera como para pensar que tenemos la tranquilidad asegurada, pero intentemos al menos no pegarnos nosotros mismos un tiro en el pié. Seguramente hay margen para afinar y suavizar algunas de las reformas recientes y para reforzar la red de apoyo a los que más lo necesitan, pero no lo hay para improvisados desahogos populistas que, seguramente con la mejor de las intenciones, acabarían perjudicando especialmente a aquellos a los que se quiere ayudar. En este capítulo entrarían algunas ocurrencias recientes en materia de pensiones, salario mínimo, gasto público e impuestos o negociación colectiva que podrían tener efectos muy adversos sobre la creación de empleo o poner a nuestras cuentas públicas en una senda difícilmente sostenible.

Ya puestos, convendría aprovechar la ocasión para llegar a acuerdos amplios y bien pensados sobre algunas cuestiones importantes para el futuro del país, desde la educación hasta las pensiones, pasando por la financiación autonómica, la normativa laboral y las políticas de empleo. Pero eso ya sería para nota.

LA ECONOMÍA ENTRA CON FUERZA en 2017

José María Romero, ecconomista de Equipo Económico

La economía española habrá cerrado 2016 con un crecimiento del PIB del 3,2%, pese al escenario internacional más complejo en el que se ha desenvuelto y a la incertidumbre institucional vivida en la primera parte del año pasado. Este robusto crecimiento ha permitido que España recupere finalmente su nivel de PIB previo a la crisis. Crecimiento económico y creación de empleo han seguido retroalimentándose respectivamente. También el sector exterior español avanza de manera muy positiva: aumentan las exportaciones de bienes y de servicios, tanto turísticas como no turísticas. De esta forma, la economía española se sitúa al frente de la eurozona en cuanto a crecimiento económico, creación de empleo e impulso de las exportaciones.

En este contexto, desde Equipo Económico prevemos un crecimiento del PIB del 2,7% en 2017, gracias a la fuerza con la que está entrando en este año. En un momento en el que su estabilidad institucional vuelve a contar como factor positivo dentro de un panorama europeo marcado por los resultados de referéndums y las citas electorales. También esperamos que la creación de empleo mantenga un ritmo de incremento medio anual por encima del 2,5% en 2017; de esta forma la tasa de paro se situará alrededor del 17% a finales de 2017.

Clave de futuro: «Hay que avanzar en un proceso de reformas consensuadas y que no se reviertan las implementadas»
El crecimiento económico español se produce en el marco de una recuperación de la economía mundial a menor ritmo del deseado y con caída del comercio mundial; se refleja de esta forma la creciente incertidumbre global asociada, entre otros, al Brexit, a la volatilidad de los mercados financieros, al cambio en la política monetaria en Estados Unidos y a las fluctuaciones de los precios de las materias primas.

En este panorama global, la magnitud de la transformación a la que nuestra economía se ha visto sometida tras la crisis ha tenido un impacto desigual en la sociedad. Persisten importantes retos sociales y económicos de carácter estructural que necesitan de la continuación del crecimiento y la creación de empleo; la muy alta tasa de paro es la principal secuela de la devastadora recesión atravesada. Para sostener una expansión razonable en los próximos dos o tres años, a un ritmo en torno al 2,5% PIB, es necesario avanzar en un proceso de reformas consensuadas y que no se reviertan las implementadas en los últimos años. Solo así se podrá dar respuesta a los importantes desafíos a los que nos enfrentamos.

Si acertamos bien, sI no…

J.R. Pin Arboledas, profesor del IESE

¿Tenemos motivos para ser optimistas sobre el próximo año 2017? Algunos. Hay causas de la crisis que se ha superado; los síntomas positivos han dejado de ser coyunturales. 2017 puede ser el año de la postcrisis. Sin embargo, decisiones de política nacional e internacional producen inquietudes.

En la economía española, con los buenos datos macroeconómicos de 2016, 2017  podría ser un gran año para capear los problemas sociales de la economía nacional: paro, salarios bajos y financiación de pensiones. Podríamos crecer al 3% o más, crear medio millón de puestos de trabajo, mejorar las relaciones laborales y el pago de las jubilaciones si la política fiscal se centra en la reducción del gasto público y no en el mero incremento de ingresos tributarios. Si no se ahoga a las empresas, como en 2012 se empezó ahogando a los particulares al subir el IRPF. Si se olvidan los complejos radicales y se incrementa el IVA, reduciendo el IRPF, el impuesto de sociedades, y las cotizaciones sociales; lo contario que parece indicar las previsiones presupuestarias.

Impuestos: «No hay que ahogar a las empresas, como en 2012 se empezó ahogando a los particulares al subir el IRPF»
Podríamos ir muy bien, si la Reforma Laboral se profundiza en lugar de desmontarla, si se obvia la presión sindical, con manifestaciones a las que no van ya ni sus liderados. Si son las empresa,s en función de sus condiciones económicas, las que deciden mejorar sus salarios y no leyes que las empujen a ello aunque les hagan quebrar. Conseguir un modelo de relaciones laborales transformando el actual, que protege el puesto de trabajo, hacía otro que prime la protección del trabajador. Responsabilidad de la capacidad de la patronal y los sindicatos para llegar a acuerdos y, quizás, de la mediación de los partidos políticos en una re-edición de los famosos Pactos de la Moncloa. 

A nivel global, vivimos en un contexto internacional incierto por las consecuencias del precio del petróleo, la ralentización de crecimiento de la economía China y los efectos de la subida de tipos en Estados Unidos. Además, las dudas sobre cómo afectará a la globalización las políticas proteccionistas de Trump o cuáles serán los efectos concretos de las medidas post-Brexit a la Unión Europea, impiden hacer previsiones más precisas.

En otras palabras: depende de lo que hagan los políticos internacionales; y, sobre todo, de lo que los españoles exijamos a los nuestros. Si no hay disolución anticipada este no sería un año electoral y, en consecuencia, un año para medidas sensatas y no populistas. Esperemos.

Año clave para la recuperación

Juan Carlos Martínez Lázaro, economista de IE Business School

La mayor parte de las previsiones sitúan el crecimiento de la economía española en 2017 alrededor del 2,5%. Parece suficiente para consolidar la recuperación y seguir creando empleo a un ritmo razonable. Algunos de los factores externos que nos han impulsado en los dos últimos años, se mantendrán. El BCE ha anunciado que seguirá con su programa de compra de activos hasta finales de 2017 -a pesar de que reducirá su cuantía a partir de primavera- lo que nos asegura una financiación abundante y barata durante los próximos meses. Además, un dólar más fuerte de lo previsto gracias al efecto Trump, permitirá un impulso extra a nuestras exportaciones.

Pero otros se tornarán negativos. El acuerdo de reducción de la producción de crudo elevará seguramente el precio del barril por encima de los 60 dólares. Un petróleo más caro, junto a un dólar más apreciado, elevará la inflación, reducirá el superávit logrado en la balanza de bienes y servicios y nos restará décimas de crecimiento. En el ámbito político, los riesgos estarán focalizados en Europa: las elecciones en Francia y Alemania y las negociaciones sobre el Brexit.

Tareas: «Debemos abordar urgentes reformas y embridar el desbarajuste en las cuentas»
A nivel interno, es donde aparecen los mayores riesgos para la recuperación. La formación de gobierno, tras casi un año de parálisis institucional, ha reducido la incertidumbre política, pero la diabólica aritmética parlamentaria y los intereses partidistas no garantizan que la legislatura pueda ser completada, ni que las reformas que necesita la economía puedan ser llevadas a cabo. Es más, hay riesgo de que alguna pueda ser revocada. Además, la falta de un ejecutivo fuerte dificultará el cumplimiento del objetivo de déficit, lo que nos expondrá a recibir sanciones de las que hasta ahora nos hemos librado y provocará que nuestra deuda pública siga creciendo. Y cuando la financiación de la deuda se encarezca, nos enfrentaremos a un incremento sustancial de la cantidad que desembolsamos en intereses.

En resumen, 2017 se configura como año clave para afianzar la recuperación. En el segundo trimestre deberíamos alcanzar el nivel de PIB que teníamos al inicio de 2008, es decir, volveríamos a la casilla de salida. Pero si queremos fortalecer nuestra economía y, sobre todo, reducir los intolerables niveles de desempleo, no nos bastarán los vientos de cola externos, ni la inercia interna. Debemos abordar urgentes reformas económicas (pensiones, educación, financiación autonómica, administración…) y embridar, de una vez por todas, el desbarajuste en nuestras cuentas públicas.



  • Ver original en Diario ABC
  • Publicado el lunes enero 2, 2017
  • Noticia local de España


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