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Industrializar Venezuela es una tarea pendiente

El investigador del Centro Internacional Miranda (CIM) afirma que la industrialización socialista «es la única estrategia posible» para que el país deje de ser un exportador de petróleo y otras materias primas. La industrialización de Venezuela es un tema recurrente en el país. Distintos gobiernos después de la muerte del general Juan Vicente Gómez han tratado de alcanzar ese objetivo, particularmente en los años de la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez y, luego, en las décadas de 1960, 1970 y 1980.

Pese a que en el transcurso de los años se lograron algunos e importantes avances, la industrialización venezolana es un proceso cuyos resultados son muy incompletos hasta ahora.

En consecuencia, «lograr la industrialización de la economía venezolana continúa siendo una tarea pendiente», afirma el economista Víctor Álvarez Rodríguez, en su libro «Claves para la Industrialización Socialista», obra que a principios de julio pasado obtuvo Mención Honorífica en la séptima edición del Premio Libertador al Pensamiento Crítico, en la que participaron 48 títulos de 14 países del mundo.

Amplía su exposición en el libro y añade que aún permanece pendiente «la tarea de conformar una nueva economía sustentada en los ingresos que pueda generar la actividad productiva interna y así superar la tradicional dependencia del ingreso petrolero».

Es decir, no se queda en la industrialización, a pesar de la importancia de este proceso. En ese sentido, apunta que «el desarrollo económico de Venezuela tiene que ser un proceso integral y autosostenido que se apoye en un crecimiento armónico y proporcional de la agricultura, la pesca, la minería, la industria, las telecomunicaciones, el comercio, las finanzas, los servicios y las demás actividades económicas…».

Estado y privados

Álvarez, investigador del Centro Internacional Miranda (CIM), se refiere a los antecedentes de ese proceso en el país y señala que debe tenerse claro que «el promotor del desarrollo industrial venezolano fue y sigue siendo, a lo largo de la economía rentista, el Estado venezolano». En tanto que la participación del sector privado ha sido «más en un rol capturador de la renta petrolera, que como un gran inversionista de recursos propios que impulsen el desarrollo industrial y regional».

Destaca que una «característica relevante del capitalismo rentístico venezolano», ha sido la transferencia de recursos públicos hacia el sector privado, especialmente en las décadas de 1960, 1970 y 1980, cuando los gobiernos aplicaron una política de sustitución de importaciones. En la década de 1990 avanzó la instauración del neoliberalismo.

«La industrialización de Venezuela nació bajo la protección y apoyo del Estado venezolano, el cual transfirió al sector industrial buena parte de la renta petrolera a través de la sobrevaluación del tipo de cambio, las exoneraciones fiscales y arancelarias, la inversión pública en infraestructura y servicios de apoyo a la actividad industrial, así como la dinamización del mercado interno a través de la creciente nómina de empleados públicos», expone.

Dicha industrialización sustentada en el Modelo de Sustitución de Importaciones, argumenta, «se caracterizó, entre otros elementos, por una irracional e indiscriminada sobreprotección arancelaria, infinitas prohibiciones de importación, innumerables exoneraciones, concesión de créditos baratos a muy largo plazo y por el otorgamiento de generosos subsidios a la producción y el consumo».

Esas características provocaron «una sustitución ineficiente de importaciones», puesto que tal protección «irracional e indiscriminada» de las empresas industriales causó, entre otras cosas, que el empresariado y sus industrias no se preocuparan por reducir costos y ser eficientes, que los productos nacionales tuviesen altos precios y escasa calidad, y que se generaran inhibiciones para innovar procesos y productos, poco competitividad, desestímulo a la exportación y que las industrias sobrevivieran «al amparo de la eterna protección estatal».

Socialismo

El investigador señala que en el ámbito de la «construcción del socialismo venezolano», las relaciones económicas de la «nueva industria nacional» abarcarán «los proveedores, competidores o clientes nacionales y extranjeros que operan según la lógica mercantil», es decir, tales relaciones «no serán única y exclusivamente con empresas que se rigen por principios socialistas».

En consecuencia, la política industrial deberá conciliar una «razonable y efectiva» protección e incentivos públicos a favor de la industria, por un lado, y las exigencias que estimulen el uso eficiente de los recursos y la producción de bienes cuya calidad y precios sean «semejantes o mejores que los de sus competidores capitalistas», por otro.

Industrialización socialista

Álvarez plantea: «La industrialización socialista es un proceso planificado de rápido crecimiento y desarrollo de las capacidades productivas y tecnológicas dedicadas a transformar materias primas en insumos básicos, bienes intermedios y productos de consumo final, con el fin de satisfacer las crecientes demandas y necesidades del aparato productivo nacional y de la población». Ese proceso «se basa en nuevas formas de propiedad social».

Afirma que la industrialización socialista «es la única estrategia posible» para que Venezuela deje de ser solamente exportador de petróleo y de materias primas, «modelo primario-exportador que impusieron las grandes potencias industrializadas», de manera que adopte «un nuevo modelo productivo» que sustituya importaciones de manera eficiente. 

Para que, por otro lado, aumente y diversifique la oferta de bienes y servicios exportables, lo que generará «nuevas fuentes de divisas que nos hagan menos dependientes del ingreso petrolero». Además, es la «fuerza motriz» para que Venezuela logre pasar de una economía rentista e importadora a otra productiva y exportadora.

Propiedad

En conversación con Álvarez, ex ministro de Industrias, éste comenta: «La industrialización socialista se tiene que basar en nuevas formas de propiedad social que incluyan la propiedad estatal, pero que vayan más allá de ésta. La estatal sería una más, no la única forma de propiedad social».

Aclara que el «problema del socialismo en el siglo XX consistió en que la única forma de propiedad social fue la estatal». 

Entonces «prácticamente todos los medios de producción, distribución y comercialización fueron estatizados, desde una pequeña fábrica de muebles hasta una gran siderúrgica, pasando por una empaquetadora de granos y los abastos, las peluquerías, farmacias, talleres mecánicos, cadenas de hoteles, restaurantes, cines, etc., todo era propiedad estatal».

Ese modelo -arguye- demostró sus limitaciones. «Hoy día hasta Cuba lo está revisando y está promoviendo la iniciativa colectiva, la cooperativa y hasta la individual, en ámbitos que antes le estaban reservados exclusivamente a la propiedad estatal».

«Una de las lecciones más importantes que nos dejó lo que se llamó el «socialismo real» fue la burocratización y el secuestro de la propiedad estatal», subraya en el libro.

«La propiedad estatal reproduce la misma lógica de la propiedad capitalista privada». añade.

«La experiencia histórica ha demostrado que la transformación en propiedad estatal de la propiedad privada sobre los medios de producción y la consiguiente implantación de la planificación centralizada, más que acabar con la anarquía del mercado, lo que hace es anular la capacidad emprendedora de la gente y satanizar la iniciativa empresarial, cuando de lo que se trata es de aumentar la densidad de empresas de la economía social», asienta.

Más adelante indica: «La propiedad total y absoluta del Estado sobre todos los medios de producción, distribución y comercialización lo que hace es engendrar el capitalismo de Estado y obstaculizar el control obrero, la autogestión y la contraloría social, recrudeciendo la explotación del trabajo asalariado y la exclusión social».

Tipos de posesión

Álvarez declara que el socialismo puede coexistir con la propiedad privada.

«En la etapa de transición al socialismo hay que dejar claro los distintos tipos de propiedad y en cuáles sectores se va a concentrar la propiedad estatal».

Propone que la propiedad estatal se limite a la administración y al «aprovechamiento racional» de los recursos del subsuelo, «que es patrimonio de todos los venezolanos», tales como los mineros, el petróleo, el gas y otros hidrocarburos, también la generación de electricidad, las telecomunicaciones y el espacio radioeléctrico, etc. 

«En fin, todo lo que tiene una importancia estratégica debería quedar en manos del Estado venezolano, porque ni la propiedad comunal y menos aún la propiedad privada funcionarían para administrar recursos que son de todos los venezolanos».

En buena parte de otros sectores que se dedican a la transformación de los recursos naturales y otras materias primas, tales como la producción de alimentos y textiles, la elaboración de calzado y manufacturas en general, por ejemplo, «se pueden promover distintas formas de propiedad social, comunitaria y directa de los trabajadores».

Participación

Se requiere que «los consejos comunales y los trabajadores vayan teniendo una participación accionaria en esas empresas», dice.

La idea no es que haya grupos de empresas totalmente privadas o estatales, comunales o de los trabajadores directos. En el capital de las empresas podrán participar el sector privado y el Estado, los consejos comunales y los consejos de trabajadores y la comuna donde está ubicada la instalación industrial.

Aclara que los excedentes o ganancias que produzcan las empresas de propiedad comunal o directa de los trabajadores «no serán distribuidos como ganancia individual mediante dividendos, que es lo que suele ocurrir en la empresa capitalista convencional, sino que serán invertidos, como ganancia social, en proyectos de interés común para los trabajadores y/o la comunidad»…



  • Ver original en El Mundo Economia y Negocios
  • Publicado el jueves septiembre 6, 2012
  • Noticia local de Venezuela


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