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Finlandia, un siglo de milagro económico y reinvención tecnológica

Miembro de la UE desde 1995, la República de Finlandia –tal y como se llama oficialmente el país nórdico– ha cumplido esta semana 100 años de independencia de Rusia. Con el objetivo de aumentar la velocidad de su transición hacia energías renovables y con uno de los PIB per cápita más altos del mundo, Finlandia ofrece una alta calidad de vida con una distribución de la riqueza relativamente equitativa. El país báltico vecino de Rusia, Suecia y Noruega celebra el centenario de su independencia orgulloso de haber sido capaz de mantener su soberanía frente al gigante ruso y del milagro económico que lo transformó en uno de los países más prósperos y socialmente avanzados del mundo.

Cuando el Parlamento finlandés declaró la independencia el 6 de diciembre de 1917, el país nórdico –por entonces un Gran Ducado perteneciente al Imperio Ruso– era una de las regiones más atrasadas de Europa y tres de cada cuatro habitantes vivían en condiciones de pobreza. La asombrosa capacidad de superación de los finlandeses les permitió, sin embargo, reponerse con relativa rapidez de las cuatro guerras que libraron a lo largo del último siglo y salir de ellas fortalecidos como nación. La declaración de independencia no provocó ningún conflicto con la vecina Rusia, donde un mes antes había triunfado la revolución bolchevique, aunque en Finlandia se desató una breve pero cruenta guerra civil entre los Blancos –los conservadores–, y los Rojos, partidarios de crear un Estado socialista.

Con una población de 5,4 millones de habitantes y la segunda densidad por habitante más baja de la UE, este país nórdico no alineado a la OTAN –estatus que según su primer ministro conservador Juha Sipila no debe cambiar para mantener la seguridad en la región báltica– tiene una economía altamente industrializada, basada en grandes recursos forestales, altos niveles de inversión de capitales y máximo desarrollo tecnológico.

Sectores dinámicos
Sus sectores más dinámicos son la industria de la madera, los metales, la ingeniería, las telecomunicaciones y las industrias de la electrónica, junto al diseño. La silvicultura, tiene importancia para la exportación y proporciona una ocupación secundaria para la población rural aunque la gran mayoría se concentra en el extremo sur, en la costa del golfo de Finlandia y sus alrededores (incluyendo el área metropolitana de Helsinki).

Con todo, Finlandia sufrió para recuperarse de la crisis financiera global y se vio penalizada por las sanciones rusas contra países de la UE. Después de tres años consecutivos de contracción (2012-2014) y un virtual estancamiento del PIB en 2015, hubo un ligero crecimiento en 2016 (0,9% del PIB) gracias al consumo privado y a inversiones más dinámicas. A lo anterior no ayudó el espectacular derrumbe de Nokia, un coloso y símbolo arraigado al país escandinavo: el 25 de abril de 2014 se consumó la venta de la división de telefonía móvil de Nokia al gigante informático estadounidense Microsoft y terminaba así una agonía. El golpe fue duro, porque Nokia llegó a producir cuatro de cada diez móviles que se vendían en el mundo y aportó entre 1998 y 2007 un 25% del crecimiento del PIB del país durante casi una década, años en los que la renta per cápita casi se duplicó.

El cambio de modelo tras el final de toda una era no fue sencillo y el impacto en el empleo fue evidente, pero el país consiguió reinventarse con una apuesta por la investigación tecnológica capitaneada por ágiles start-up puestas de largo en buena medida con el talento fugado o expulsado del gigante caído.

En el origen de su modelo económico también tuvieron importancia las indemnizaciones, pero de otro tipo. Su independencia hace 100 años le costó a Finlandia la cesión de un 10% de su territorio a la Unión Soviética, un pago durante décadas de indemnizaciones de guerra, así como permitir que Moscú supervisara su política exterior: «Las indemnizaciones de guerra terminaron siendo algo positivo para Finlandia, porque obligaron a desarrollar y diversificar su industria y crearon la base para unas buenas relaciones comerciales con Rusia que se mantuvieron después de saldar esa deuda», explica Jussi Pakkasvirta, profesor de la Universidad de Helsinki.

La caída del Muro de Berlín permitió que el país nórdico girase definitivamente hacia el oeste, con su ingreso en la UE y el acercamiento a la OTAN a través del programa Asociación por la Paz alzándose en los índices internacionales que miden el nivel de vida, la innovación, la calidad educativa o la justicia social, entre otros baremos. Una de las principales claves del éxito finlandés: un sistema de educación universal, pública y gratuita, reconocido como uno de los más avanzados del mundo que ofrece a todos los jóvenes las mismas oportunidades y produce profesionales muy bien preparados, según las capacidades de cada estudiante. Un segundo elemento de éxito es la falta de bipartidismo: la gran diversidad del espectro político finlandés ha obligado tradicionalmente a los partidos a formar amplias coaliciones y llegar a acuerdos que han permitido generar una gran estabilidad.



  • Ver original en Diario ABC
  • Publicado el domingo diciembre 10, 2017


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