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Cinco consecuencias que tendría para la Argentina ir otra vez a un default

Este viernes venció el plazo que tenían el Gobierno y los bonistas para negociar sin que la Argentina estuviera en una situación de impago. El ministro de Economía Martín Guzmán​ puso como nuevo plazo el 2 de junio para llegar a un acuerdo para reestructurar títulos por más de U$S 65.000 millones. Pero este viernes no se pagarán los vencimientos por US$ 503 millones.

Los bonistas dieron muestras de querer seguir negociando para resolver la situación, por lo que evitarían por ahora demandar a la Argentina ante los tribunales de Nueva York. Por eso se habla de un default “blando”.

Si no se pudiera llegar a un entendimiento, Argentina enfrentaría duras consecuencias para una economía que ya está golpeada. Aquí, cinco de las situaciones que pueden darse si el país no logra acordar:

Más presión sobre el dólar y caída del salario

Si Argentina entra en cesación de pagos “dura”, se materializará la certeza de que ni los gobiernos ni las empresas ni los individuos podrán acceder a dólares de los mercados de capitales por un tiempo indeterminado. La presión se volcará sobre los tipos de cambio alternativos, principalmente, el del mercado informal. De ahí que los economistas coincidan en que un default aumentaría la demanda de dólares y presionaría la brecha que hoy está en niveles de 80%, el doble que el promedio que se registró entre 2011 y 2015. El dólar mayorista está en $ 67 y el contado con liqui en $ 118.

“Un default significaría más presión sobre el tipo de cambio y, por lo tanto, sobre los precios. En un contexto de recesión donde los salarios no sólo no aumentan sino hasta caen nominalmente, habrá una pérdida del poder adquisitivo”, explica Federico Furiase, director de la consultora Eco Go. Sin cesación de pagos, Furiase estima, la inflación para este año sería de 58%. “Si hay default, será mayor”.

La economía se cerraría más

Si una consecuencia macroeconómica de un default es la mayor presión sobre el tipo de cambio, la acción inmediata que se desprende de esto último es la siguiente: el encarecimiento del dólar mejorará la competitividad de las exportaciones pero empeorará la de las importaciones. El ajuste del sector externo se completará porque entonces Argentina demandaría menos dólares o ahorro extranjero (debido a la caída del salario de las personas arriba descrita) y no tendrá otra alternativa que recurrir al ahorro local. Pero además, los bancos y fondos por regulaciones propias se verán impedidos de financiar proyectos productivos en una economía en default por cuestiones regulatorias de los principales centros financieros del mundo. Sería algo así como volver ‘Vivir con lo nuestro’ como inmortalizó Aldo Ferrer, economista y ex ministro de Economía, hace casi medio siglo.

El país, con horizontes cada vez más cortos

El default no cambiará la vida cotidiana de los argentinos. El país registró dos eventos de esta naturaleza en los últimos 40 años. Hay quienes cuentan que sería el noveno desde la independencia de las Provincias Unidas.

Pero lo cierto es que los economistas hallaron que las consecuencias de un default no se miden en días, semanas o trimestres. Pueden ser años, lustros o décadas. Casi todos los pronósticos de PBI para este año muestran variaciones mínimas entre un escenario con o sin default. Por ejemplo Elisabet Bacigalup, economista jefa de abeceb, estima que la economía este año caerá 8% y si hay default 9%. ¿Dónde están las consecuencias? En que la falta de acceso a créditos de largo plazo impide el desarrollo de proyectos e inversiones que es lo que genera crecimiento potencial de la economía.

Si a esto se le suma una inflación cercana al 60% anual, el horizonte para la toma de decisiones se acortará significativamente.

Se aliviará el programa financiero

Un default significará que el Gobierno no tendrá que desviar más dinero de la recaudación, del gasto público o de la emisión para pagar la deuda. Y, por lo tanto, se apropiará de más recursos para atender la coyuntura y las demandas del país. El país este año enfrenta obligaciones de la deuda de 10% del PBI. Si no reestructurara sus pasivos, Argentina debería tener un superávit de 10 puntos del producto. Es imposible.

El FMI estimó en un informe sobre la sustentabilidad de la deuda argentina que el país afrontar por los próximos cinco años vencimientos de intereses en dólares con bonistas privados por US$ 25.000 millones y US$ 45.000 millones de capital. Esto sin contar la deuda con el FMI. El Gobierno intenta despejar estos vencimientos por la vía de la reestructuración. La otra alternativa sería el default.

Se agravará la credibilidad del país

La economista de Harvard, Carmen Reinhart, que acaba de ser nombrada economista jefe del Banco Mundial, en su libro Esta vez es diferente (junto a Kenneth Roggoff) recopila todos los eventos que ha vivido la Argentina de reestructuración de la deuda y cesación de pagos desde la época de la colonia. Está claro por qué el país recibe el mote de defaulteador serial. Pero en medio de una crisis donde muchos economistas vaticinan que hay economías vulnerables y en riesgo de caer en default, Argentina sufriría más porque llega con menos reputación que el resto dado su Historia.



  • Ver original en El Clarin
  • Publicado el viernes mayo 22, 2020
  • Noticia local de Argentina


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