Se puede construir un mundo mejor desde lo cotidiano

Intentaré expresar sintéticamente esta propuesta que suena tan ambiciosa.

Creo que si las organizaciones (públicas y privadas) comenzaran a motivar el diálogo (búsqueda de sentido compartido) abierto, confiable y respetuoso entre sus miembros, no sólo incrementarían su efectividad (logro de objetivos), sino que impactarían positivamente en la calidad de vida de cada uno de sus miembros (responsabilidad social en acción).

Nos hemos formado (y aún lo continuamos haciendo) para pulsear unos contra otros para sostener verdades que creemos absolutas. No nos hemos ejercitado en el cómo pensar. Somos defensores y ejecutores de pensamientos que fuimos adquiriendo a lo largo de nuestras vidas (aquello que está bien o mal pensar). No nos formamos para compartir visiones. Hemos sido formados para convertirnos en guerreros victoriosos o derrotados.

Nos cuesta vivenciar la tan mentada frase: “ganar-ganar”. Para colmo, es bastante común que tengamos conflictos con el reconocimiento a la autoridad. “Si el otro tiene razón, me gana y yo pierdo…” suele ser un diálogo bastante común con nosotros mismos.

Hace ya tiempo que investigo esta temática en mí mismo y con otros. Se trata de integrar diferentes enfoques técnicos y científicos, para comenzar a pensar y a pensarme aceptando diferentes miradas. Esto contribuye a que se pueda construir una visión más amplia tanto de lo individual como de lo colectivo.

En cada taller que coordino sobre el cambio organizacional ya no me sorprende la reacción de los asistentes. Casi todos confiesan que esperaban “algo” que les permitiera lograr que sus organizaciones cambien. Nos hemos acostumbrado a consumir recetas infalibles de acciones a emprender para que los demás hagan lo que creemos que deben hacer.

Al conversar sobre esto, los invito a que pensemos que si ese “algo” existiera el mundo sería mucho más vivible de lo que es. Hablamos mucho sobre el cambio de los otros (en lo abstracto), pero no hacemos mucho para comprometernos con nuestro propio cambio. A todos nos gusta sentirnos impulsores de los cambios de los otros… Hace siglos que la humanidad lo viene intentando y los resultados están a la vista. Mientras tanto, y esto es interesante que podamos rescatar, todo sigue igual…

Mi propuesta no consiste en implementar un programa de capacitación tradicional para hablar sobre el cambio, el liderazgo, valores y autogestión. Considero que la incorporación de información sobre esta temática no aporta demasiado. Creo que lo esencial pasa por cómo cada uno de nosotros logra implementar el liderazgo en su propia vida. Para esto, se requiere la creación de un espacio de reflexión coordinado por alguien comprometido con el aprendizaje personal, de lo contrario todo se queda en palabras, que como bien sabemos: se las lleva el viento… Hay que alcanzar la coherencia entre el decir y el hacer y para esto hay que reconocer que esto no algo simple de lograr.

Propongo motivar a la gente para que vivan el compromiso de liderarse a sí mismos, mirándose desde otro lugar, dejando de esperar que sean los demás los que cambien. Mi objetivo es lograr que los participantes se entusiasmen con su propio cambio y que el entusiasmo de ellos contagie a sus compañeros de esta aventura vital del auto conocimiento. Soy el primer beneficiado con este pregón ya que estoy comprometido con este camino de vida.
Esto es posible de lograr. He tenido la oportunidad de coordinar varios talleres (Liderando el cambio en las organizaciones) de sólo 12 horas con funcionarios de organizaciones públicas y privadas y la reacción de la gente resultó estupenda, surgió el entusiasmo (estar habitado por los dioses). El tiempo fue escaso, aunque la chispa encendió varias mechas.

Este ejercicio (pensar y pensarnos) requiere tiempo para internalizar la técnica en cada una de las personas. No podemos negar la existencia de las rutinas defensivas a las que apelamos y que nos impiden aprender (descubrir lo nuevo). El aprendizaje requiere construir un ambiente confiable. Nuestros miedos, naturales, humanos y necesarios, muchas veces impiden que nos abramos a revisar primero, y a modificar luego, ciertas creencias que tenemos arraigadas a lo largo de años. Tengamos en cuenta que estas creencias luego se traducen en acciones. Es necesario que podamos reconocernos sin represiones, sin el temor a ser juzgados. Esto, abre un nuevo horizonte de vida. De esto doy fe.

Generalmente partimos desde el NO SE PUEDE. Suelo proponer que lo hagamos desde el SE PUEDE.

Es necesario que abandonemos el lugar de víctimas de los jefes, de los políticos, de los otros en general y hasta de las circunstancias que nos toca vivir que terminan siendo justificativos del desánimo y de una actitud sin compromiso personal, para construir nuestro propio futuro, el de la organización en la que participamos y por qué no: el del mundo que habitamos.

Creo en el aprendizaje en cascada, que parte con la formación de los futuros facilitadores que luego, a su vez, formarán a nuevos facilitadores. Si logramos cambiar el lenguaje utilizado a diario, esto tiene efectos altamente positivos, incluso, operando como antídoto contra el estrés y la depresión personal y grupal. Es común que en las Organizaciones se den charlas sobre el estrés, la acumulación de adrenalina y la generación de la endorfina (actividad sexual, física y mucha risa). Termina la charla y volvemos a estar a mil, intoxicados de adrenalina y lo peor es que terminamos diciendo: “todo muy lindo pero…”.

Creo que esta metodología de aprendizaje (en cascada) es un camino eficaz para ir modificando de a poco la cultura organizacional (el modo en que se hacen las cosas y se decide dentro de la organización) hacia una en la que se priorice el trabajo mancomunado en pos de objetivos colectivos, que contienen, a su vez, a los objetivos sectoriales e individuales.

Imagínese que en su Organización abundaran miembros proactivos que aceptando lo que hay, asumen su responsabilidad y se dedican a hacer lo que tienen que hacer de una manera excelente en un ambiente armonioso, distendido y de alta efectividad.

Como todo proceso, sólo requiere ponerlo en marcha. La propuesta está planteada, ahora falta que aparezcan los interesados en llevarla adelante. Es paradójico que algo tan “simple” no encuentre mucho eco. Nos quedamos pegados de las malas noticias y seguimos pulseando con los demás por nuestras “razones chiquitas”, incluso cuando muchas veces sospechamos que no son verdad.

Oscar O Conti

Cursó estudios en la Universidad de Buenos Aires (UBA) en la Facultad de Ciencias Económicas y asistí a gran cantidad de cursos sobre management, marketing, psicología social y sociología. Ha organizado y dirigido seminarios y talleres de capacitación empresaria en diversas Cámaras de Comercio e Industria (USA y Argentina).Ha trabajado,...

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