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Un nuevo mercado energético

Se ha celebrado recientemente el 15 Encuentro empresarial del Sector Energético, organizado por el IESE, una reunión de especial calidad del sector en la que se han repasado cuatro temas centrales de su actualidad: cambio climático; geopolítica; regulación; y nuevos servicios energéticos. Todo ello ha puesto de manifiesto, con mayor intensidad que en otras ocasiones, que el sector energético europeo se encuentra en un momento decisivo de su proyección futura. La dimensión ambiental y el avance tecnológico son los dos arietes de un cambio más inminente que mediato, y más transformacional y disruptivo que cosmético y de mero ajuste regulatorio. Estamos sólo viendo la punta del iceberg, pero es evidente que la montaña no ha aflorado aún a la superficie. Pero hay montaña.

Cabe recordar que la energía fue capital en la construcción europea. La UE se inicia con un movimiento estratégico que se sirve de la energía para asegurar la paz y estabilidad tras la Segunda Guerra Mundial. Ese es el sentido de la Declaración Schumann y el Tratado CECA. El mercado común es instrumental, pero hace materialmente irrealizable la posibilidad de otra guerra. Las producciones de carbón y acero se ponen en manos de una Autoridad al margen de los Estados. Ahí nace la Comisión Europea y el proceso de integración.

«Europa se propone alcanzar en pocos años un sistema productivo descarbonizado»

Hoy la UE nos propone, al estilo «Roosveltliano» –se habla de un «New Deal» para los consumidores-, un monumental – cuando menos en volumen- paquete legislativo con normas de todo tipo y rango para alcanzar en pocos años una UE con un sistema productivo descarbonizado, apoyado en la electrificación, las tecnologías renovables, la movilidad eléctrica y la digitalización de infraestructuras y servicios comerciales. El consumidor estará en el centro del sistema gestionando u optando por servicios de valor añadido en una nueva cadena de valor de productos y servicios que interrelacionarán los sectores del transporte, las telecomunicaciones, la energía, la edificación y el medio ambiente.

La fórmula jurídica elegida por las instituciones de la UE no es brillante –ya que hubiera sido mejor una Directiva-Marco sobre Unión Energética, y mucha mayor claridad en los contenidos-, pero el objetivo político y económico es ambicioso y valiente y fija una estrategia a favor de un nuevo modelo económico que acabará imponiéndose a nivel global. Y, para ello, será preciso cambiar muchas cosas en muy poco tiempo. Y el sector energético, central económicamente, deberá reaccionar con mayor agilidad ante el cambio de la mostrada en los últimos tiempos. La innovación tecnológica, impulsada aceleradamente por la digitalización, no se hará esperar.

En el paquete legislativo que se presenta, el diseño del nuevo mercado energético arroja dos modelos diferentes que deberán coexistir y, en lo deseable, ser compatibles, durante un tiempo de transición ordenada. Deberá tener lugar una coexistencia entre redes centralizadas y descentralizadas, con activos actuales y nuevos, buscando un equilibrio entre costes del sistema y nuevas soluciones comerciales. Dos modelos inicialmente asimétricos en tamaños y competidores. Uno, el de la liberalización del mercado interior adaptado y ajustado, especialmente en una mejor coordinación de infraestructuras y en el desarrollo de mercados regionales. Es el mercado mayorista corregido. El otro será el de la demanda, protagonizado por el consumidor y las empresas de servicios energéticos, con nuevas propuestas de medición, facturación, almacenamiento y renovables, expresadas no en kilovatios, sino en servicios y lenguaje comercial más accesible. Una plataforma de servicios más próxima a un cierto «WhatsApp eléctrico» que al lenguaje técnico tradicional. Aquí el sector eléctrico tiene una gran oportunidad de reconvertir su liderazgo hacia estos objetivos. Si no lo hace o no lo hace a tiempo, líderes de otros sectores, Amazon, Google, comercializadores virtuales, grandes empresas de transporte,..… ocuparán velozmente ese espacio.

¿Supone todo ello la total desaparición del modelo actual? No, pero sí una alteración progresiva y sustancial de las bases de su funcionamiento y desarrollo, que deberá en todo caso afirmarse sin generar riesgos jurídicos ni económicos innecesarios.

En esta próxima etapa el mercado europeo basado, como hemos indicado, en mercados al por mayor se afinará más técnicamente por la vía regional, reforzando sus sistemas de gobernanza (TSOs; nueva Entidad europea para la coordinación en distribución; mayor poder y funciones para ACER; mecanismos competitivos de capacidad; ampliación de los mercados intradiarios, de agentes y «zonales» en frontera), e irá surgiendo un nuevo ecosistema eléctrico descentralizado, desde la red (demand response) o fuera de ella. Aparecerán a buen ritmo figuras nuevas o prácticamente inéditas, autoconsumidor, prosumidor, agregadores de demanda, comunidades solares, sujetos de mercado diferentes, nuevos servicios de valor añadido en edificación, baterías, IoT, proveedores de recarga, comercialización virtual, nuevas fórmulas de financiación. El papel que jugará el desarrollo tecnológico (instalaciones domésticas, almacenamiento, electrificación del transporte) está por definir, pero presenta potencialidades claras en servicios al consumidor. Para todo ello se dispone de un breve período de adaptación, ya que las Directivas europeas deben convertirse en leyes nacionales en dos años. Ahora bien, la innovación tecnológica y la destreza comercial empezarán muy pronto a ofrecer al mercado minorista productos atractivos, adelantándose de nuevo al regulador.

Vicente López-Ibor Mayor es presidente de Estudio Jurídico Internacional y presidente de la Federación Europea de Derecho de la Energía.



  • Ver original en Diario ABC
  • Publicado el domingo febrero 25, 2018


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