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¿Qué puede pasar si alguien tiene mis datos de privacidad?

Han pasado algunas semanas desde que se destapó el caso de los datos de privacidad en manos de Cultura Colectiva en México. Fuera de una investigación que inició el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI), que podría terminar en una simbólica multa, todo parece indicar que el desenlace será igual al de otros escándalos digitales en Latinoamérica: condena de un grupo de notables, notas periodísticas con diversos grados de profundización sobre el asunto, eco de la condena en redes sociales y posterior olvido. El ciclo de vida característico de los trending topics.

Buena parte de ese olvido puede ser ocasionado por la falta de claridad sobre el manejo que se da a esos datos. Si no se divulgó mi contraseña, ¿qué tanto puede afectarme que otros sepan que me gusta alguna página, que visité tal o cual restaurante o que me conecto habitualmente desde cierta ciudad? ¿De verdad es para tanto? Algunos ejemplos pueden explicar mejor el hecho.

En Febrero se destapó un caso en el Wall Street Journal donde se denunciaba cómo se filtra información desde apps para monitorear el ciclo menstrual. Los registros de la app detectaban cuando las usuarias ovulaban o cuando estaban intentando embarazarse y lo reportaban a los algoritmos de Facebook, incluso si las usuarias no tenían cuenta en la red social. Aparentemente esto tiene fines publicitarios, pero no deja de ser un proceso invasivo, por decir lo menos.

Todos los datos personales pueden ser manipulados (Foto: iStock)
Todos los datos personales pueden ser manipulados (Foto: iStock)
El grado de manipulación de los datos puede llegar a niveles insospechados. En marzo, el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano (HUD, por sus siglas en inglés) del Gobierno de Estados Unidos denunció penalmente a Facebook por permitir a sus anunciantes que ciertos grupos de usuarios no vieran publicidad de venta de casas; básicamente, las compañías no querían ‘desperdiciar’ sus anuncios en parejas con niños, no cristianos, gente con discapacidad y, adivinó usted, latinos. ¿Y cómo se puede determinar esto? Por la información que usted y yo le damos por ejemplo a Facebook. Si en su perfil usted señaló que le gusta la página de la Selección Mexicana de futbol, que su restaurante favorito es un hipotético “Mariscos Sinaloa” de Santa Mónica y que se conecta habitualmente desde Los Ángeles, usted es un latino en EEUU y la publicidad, pero también el contenido que le aparezca en Facebook (el sitio donde pasa más tiempo en internet), será un traje a la medida… de otros.

Ahora imagine que simpatiza con un partido político que hace cosas deshonestas. Si este grupo político controla la línea editorial de algunos medios a través de publicidad y a su vez invierte en Facebook (y no necesariamente con la compañía, sino con los mismos medios o incluso usuarios) para amplificar noticias favorables a sus intereses, es muy posible que usted nunca se entere de los actos deshonestos, porque sólo recibe información favorable al partido. Y lo más probable es que si llegan a usted las noticias, sienta que se trata de ataques sin sentido, en vista de su historial informativo sesgado. Al final, usted declaró que le gustaba ese partido y le da like a los dichos de sus candidatos. Esos son datos cruciales…



  • Ver original en InfoBAE
  • Publicado el lunes abril 29, 2019


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