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La clave son los incentivos

Autores del calado de Harold Demsetz, Ronald Coase y Douglas North han insistido en que buena parte del análisis económico y jurídico se basa en la calidad de los incentivos. En un sistema que potencia los buenos incentivos la gente da lo mejor de sí, en cambio, en un sistema donde los incentivos para mejorar son escasos o nulos la gente revela lo peor de sí.

Lo realmente interesante de las contribuciones de la escuela escocesa es haber combinado en un sistema de libertad, es decir, de respeto recíproco, el interés personal con el interés del destinatario de la acción. En este contexto, cada uno, para satisfacer su propio interés, debe dirigir su atención a la satisfacción del interés de su prójimo, de lo contrario, no puede prosperar.

Este es el sentido de explicar cómo el comerciante, para mejorar su patrimonio, está obligado a la atención de las demandas de sus congéneres. Así es que el que da en la tecla obtiene ganancias y el que yerra incurre en quebrantos. “El cliente siempre tiene razón” es la máxima del buen empresario. De más está decir que esto no se aplica a los denominados empresarios prebendarios, puesto que obtienen sus fortunas fruto de la explotación a sus semejantes como consecuencia de los privilegios obtenidos a raíz de sus alianzas con el poder político…



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  • Publicado el sábado octubre 13, 2018


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