IA y trabajo en equipo: cuidado con perder la confianza – deGerencia.com

IA y trabajo en equipo: cuidado con perder la confianza

Cuando una duda surge en el trabajo, cada vez es más común resolverla con un chatbot antes que preguntarle al colega de al lado. Es más rápido, no interrumpe a nadie y casi siempre da una respuesta razonable. Una investigación publicada el 15 de octubre de 2026 en Harvard Business Review advierte, sin embargo, que ese atajo tiene un costo que rara vez se mide: debilita el mapa compartido de quién sabe qué dentro del equipo, y con él, la confianza entre sus miembros.

Lo esencial

  • Usar la IA en vez de consultar a un colega hace que cada persona se vea a sí misma como más capaz, pero reduce la confianza mutua y la coordinación del equipo, según HBR, BetterUp y Stanford.
  • El mecanismo es la erosión de la “memoria transactiva”: el mapa informal de quién sabe qué se desactualiza cuando la gente deja de preguntarse entre sí.
  • Se corrige con normas explícitas (más comunicación asíncrona, estándares de uso compartidos, jefes que modelan el uso de la IA en voz alta), no prohibiendo la herramienta.

¿Qué pasa, en términos concretos, cuando un equipo reemplaza la consulta entre colegas por la consulta a una IA? La evidencia más reciente es clara: la persona que usa la IA se siente mejor asistida y percibe a sus compañeros como más expertos, pero el grupo en su conjunto coordina peor y confía menos. Es un resultado contraintuitivo —cada individuo mejora, el equipo empeora— y es la razón por la que este fenómeno merece atención de cualquier gerente que haya incorporado IA generativa a su operación en 2026.

¿Qué encontraron HBR, BetterUp y Stanford?

El artículo, firmado por Kate Niederhoffer, Kristina Rapuano, Alex Liebscher, Alexi Robichaux y Jeffrey T. Hancock —investigadores de BetterUp Labs y la Universidad de Stanford—, acuña el término “relationslipping” para describir el deterioro gradual de las relaciones de trabajo cuando sus miembros sustituyen a sus compañeros por una IA. El fenómeno tiene dos mecanismos concretos:

  1. Cuando alguien resuelve con IA una pregunta que antes le haría a un colega, deja de actualizar el mapa compartido de “quién sabe qué” en el equipo.
  2. Cuando alguien delega en la IA una tarea entera, su razonamiento se vuelve invisible para los demás, y ese mapa se vuelve menos preciso con el tiempo.

Los autores no concluyen que la IA sea dañina para los equipos por definición; su hallazgo es que el daño aparece cuando se la trata como sustituto de la conversación humana, no como insumo para prepararla. Puede leerse el estudio completo en Harvard Business Review.

¿Qué es la memoria transactiva y por qué es la pieza que se rompe?

La memoria transactiva es un concepto de psicología organizacional que describe algo muy simple: ningún miembro de un equipo necesita saberlo todo, siempre que sepa a quién preguntarle. Es el sistema informal —nunca escrito en un organigrama— que le dice a un vendedor que la pregunta de impuestos va para contabilidad, o a un gerente de planta que el problema de una máquina específica lo resuelve mejor un operario con quince años en esa línea que el manual técnico.

Ese sistema se construye con interacciones repetidas: preguntar, observar cómo responde el otro, corregir el mapa mental. Cuando la pregunta por defecto deja de ser “¿quién sabe esto?” y pasa a ser “¿qué dice la IA?”, el mapa deja de actualizarse. No desaparece de un día para otro, pero se vuelve menos confiable, y con equipos que rotan, se adelgaza más rápido de lo que la antigüedad del grupo podría compensar.

Esto conecta directamente con el trabajo en equipo como disciplina gerencial: no es solo reunir personas con tareas distribuidas, es mantener vivo ese mapa compartido, y la IA generativa introduce una forma nueva y silenciosa de dejarlo caducar.

¿Por qué la confianza cae aunque cada persona rinda mejor?

Aquí está el punto que más sorprende a quien gestiona equipos: los indicadores individuales de productividad pueden subir mientras la salud del equipo baja. Cada persona, ayudada por la IA, entrega más rápido y con menos errores evidentes. Pero el grupo pierde la costumbre de verificarse entre sí, de exponer el razonamiento detrás de una decisión, de disentir en voz alta antes de ejecutar. La confianza interpersonal —que según la literatura de gestión de equipos se construye observando competencia y intención a lo largo del tiempo— tiene menos oportunidades de reforzarse cuando la interacción por defecto es con una máquina.

El contexto más amplio no ayuda: Gallup reportó en julio de 2026 que el compromiso laboral en Estados Unidos sigue estancado en 31%, incluso con la adopción de IA acelerando dentro de las empresas, y que la brecha la marca el respaldo del jefe directo, no el acceso a la herramienta. Es decir: la tecnología por sí sola no mueve el compromiso ni la confianza en ninguna dirección; lo que los mueve es cómo la gerencia la enmarca para el equipo.

Hay además un dato que corrobora el papel del liderazgo: el Work Trend Index 2026 de Microsoft encontró, en un estudio con 1.800 trabajadores, que cuando un gerente modela abiertamente el uso de IA frente a su equipo, la confianza de los empleados en la IA agéntica sube 30 puntos. El mismo principio aplica en sentido inverso para la confianza entre colegas: lo que el líder hace visible —preguntar primero, usar la IA en voz alta, compartir el porqué de una decisión— se convierte en la norma del grupo.

Señales de que su equipo ya está perdiendo ese mapa compartido

Varias señales anteceden a una caída medible en productividad o rotación, y conviene vigilarlas antes de que se conviertan en un problema de clima:

  • Las reuniones de coordinación se acortan porque “ya cada uno sabe lo que tiene que hacer”, pero nadie puede explicar por qué decidió algo sin mencionar a la IA que consultó.
  • Preguntas que antes se resolvían cruzando el pasillo o escribiendo un mensaje directo a un colega ahora se resuelven en silencio, sin dejar rastro de quién sabía qué.
  • Miembros nuevos del equipo tardan más en identificar al experto real en un tema, porque esa experiencia ya no se demuestra en conversaciones visibles.
  • Aumentan los desacuerdos tardíos: dos personas llegan a una reunión con respuestas distintas, generadas por IA, sin haberlas discutido antes.

Este patrón se parece al que ya describimos al analizar cómo los equipos que temen ser reemplazados por la IA terminan retrayéndose en vez de colaborar: el miedo y la sustitución silenciosa producen el mismo síntoma final, que es menos conversación real entre las personas.

¿Cómo diseñar normas que mantengan la coordinación sin prohibir la IA?

Prohibir la herramienta no es viable ni deseable; la alternativa que proponen los propios autores del estudio de HBR, y que coincide con buenas prácticas de gestión de equipos, se puede resumir en cuatro pasos:

  1. Haga visible el razonamiento, no solo el resultado. Pida que, al compartir un entregable asistido por IA, la persona explique en una frase qué le preguntó y por qué confió en esa respuesta. Esto mantiene actualizado el mapa de quién entiende qué, aunque la respuesta final haya salido de una máquina.
  2. Reserve espacio para la comunicación asíncrona deliberada. No se trata de más reuniones, sino de canales donde la gente siga narrando su trabajo —un canal de equipo, una bitácora breve— en vez de resolver todo en privado con un asistente.
  3. Fije estándares de calidad compartidos para el trabajo con IA. Cuándo se usa, para qué tipo de tareas, y qué nivel de revisión humana requiere cada una. La ambigüedad es lo que erosiona la confianza; la norma explícita la protege.
  4. El líder debe modelar el comportamiento, no solo autorizarlo. Si la gerencia usa la IA para preparar una conversación y luego cuenta cómo llegó a esa conclusión, enseña al equipo a hacer lo mismo. Si la usa para evitar la conversación, enseña exactamente lo contrario.

Estas cuatro prácticas no son exclusivas de equipos que usan IA de forma intensiva: son, en esencia, los mismos hábitos que sostienen cualquier clima organizacional saludable, aplicados a una herramienta nueva.

¿Cómo lo están resolviendo distintas empresas en la región?

El ajuste no se ve igual en todas partes, pero el patrón de fondo —normas explícitas antes que prohibición— se repite. En México, varias empresas de servicios profesionales han incorporado una regla simple en sus equipos de consultoría: ninguna recomendación a cliente sale sin que dos personas, no solo una con la IA, hayan discutido el razonamiento antes de presentarla. En Colombia, equipos comerciales de empresas medianas usan un canal interno donde cada vendedor registra en dos líneas qué le preguntó a la IA sobre un cliente difícil, de modo que el conocimiento quede disponible para el resto del equipo y no solo en el historial privado de un chat.

En España, bancos y aseguradoras que adoptaron asistentes de IA para atención al cliente han tenido que reforzar las instancias de “revisión entre pares” que antes existían de forma informal, precisamente porque notaron que los analistas jóvenes dejaban de acudir a los más experimentados. Y entre empresas que atienden al consumidor hispano en Estados Unidos, donde la adopción de IA generativa avanzó rápido durante 2025 y 2026, varios equipos de marketing han adoptado la práctica de documentar en una herramienta compartida —no solo en la cabeza de quien usó el chatbot— los prompts y criterios que funcionaron, convirtiendo lo que antes era saber tácito de una persona en memoria del equipo.

El denominador común es que ninguna de estas organizaciones intentó frenar el uso de la IA; todas intentaron asegurarse de que su uso siguiera generando conversación entre las personas, no sustituyéndola.

La pregunta que vale la pena hacerse

La IA generativa seguirá integrándose a más tareas en 2027 y los años siguientes; eso ya no está en discusión en ningún sector. Lo que sigue abierto es si su llegada se traduce en equipos que saben menos unos de otros, o en equipos que aprenden a hacer visible —en vez de ocultar— cómo llegaron a sus decisiones. La diferencia no la determina la herramienta, sino las normas que la gerencia decide establecer, y modelar, antes de que el hábito de no preguntarse entre colegas se vuelva la cultura por defecto del equipo.

¿Su equipo todavía sabe a quién preguntarle, o ya le pregunta primero a la IA?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Este artículo es Copyright de su autor(a). El autor(a) es responsable por el contenido y las opiniones expresadas, así como de la legitimidad de su autoría.

El contenido puede ser incluido en publicaciones o webs con fines informativos y educativos (pero no comerciales), si se respetan las siguientes condiciones:

  1. se publique tal como está, sin alteraciones
  2. se haga referencia al autor (Staff deGerencia.com)
  3. se haga referencia a la fuente (degerencia.com)
  4. se provea un enlace al artículo original (https://degerencia.com/articulo/ia-trabajo-en-equipo-confianza/)
  5. se provea un enlace a los datos del autor (https://www.degerencia.com/autor/admin)