Memoria RAM más cara: cómo planificar su presupuesto de TI – deGerencia.com

Memoria RAM más cara: cómo planificar su presupuesto de TI

Durante tres décadas, cualquier gerente pudo asumir una regla simple: la computadora, el servidor o el teléfono que compre el año que viene será más barato —o al menos no más caro— que el de este año. Esa regla se rompió en 2026. En Chile, una memoria DDR5 que costaba 55.000 pesos a comienzos de año llegó a costar cerca de 200.000 en solo cuatro meses, un alza de más de 260%, según datos de comparadores de precios recogidos por CNN Chile. No es un caso aislado: es el síntoma local de una escasez global de memoria que ya está encareciendo cada computadora, servidor y teléfono que su empresa compre de aquí en adelante.

Respuesta directa: el precio de la memoria RAM y de los discos de estado sólido subió entre 60% y más de 200% durante 2026 porque los fabricantes de chips desviaron capacidad hacia la memoria de alto ancho de banda (HBM) que exigen los centros de datos de inteligencia artificial, dejando menos oferta de DRAM convencional para PC, servidores y teléfonos. Analistas de IDC y el propio director ejecutivo de Intel coinciden en que la escasez no se resuelve en 2026: se extendería hasta 2027 o incluso 2028. La implicación para cualquier empresa es directa: el presupuesto de TI de 2027 no puede planificarse con los supuestos de 2025, y la compra de equipos debe tratarse como una decisión de gestión de riesgo, no como un gasto rutinario.

Lo esencial

  • El precio combinado de la memoria RAM y los SSD subirá alrededor de 130% en 2026 frente a 2025, según Gartner, y los fabricantes de servidores y memoria empresarial ya habían subido precios cerca de 63% entre septiembre y diciembre de 2025, según la firma Context.
  • IDC calcula que la escasez de memoria podría extenderse “hasta bien entrado 2027”, y el CEO de Intel, Lip-Bu Tan, advirtió que no habría alivio hasta 2028, según declaraciones recogidas por Bloomberg.
  • La respuesta gerencial no es esperar a que bajen los precios: es extender los ciclos de renovación, especificar equipos por uso real (no por costumbre), negociar contratos de precio fijo a varios años y, cuando el flujo de caja lo permita, adelantar compras críticas antes de la próxima alza.

¿Por qué subió tanto el precio de la memoria?

La causa no está en las computadoras de oficina, sino en los centros de datos que entrenan y ejecutan modelos de inteligencia artificial. Esos centros de datos consumen memoria de alto ancho de banda (HBM), un tipo de chip que se fabrica en las mismas plantas que la memoria DRAM convencional usada en laptops, servidores corporativos y teléfonos. Cuando Nvidia, Microsoft, Amazon, Google y Meta compiten por asegurar HBM para sus proyectos de IA, los fabricantes —Samsung, SK Hynix y Micron, entre los principales— priorizan esa línea de producción, más rentable, sobre la DRAM estándar. El resultado es una oferta de memoria “normal” que no crece al ritmo de la demanda de PC, servidores y teléfonos, en un mercado donde, además, cada dispositivo necesita hoy más memoria que antes: Microsoft exige un mínimo de 16 GB de RAM para certificar una PC como “Copilot+”, y eso por sí solo presiona la demanda hacia arriba justo cuando la oferta se contrae, según reportó TechRadar Pro citando datos de IDC.

El analista de IDC Francisco Jerónimo lo resume con una idea que cualquier gerencia de compras o de tecnología de información debería tener presente al planificar 2027: la gravedad y la duración de la escasez dependerán de cuán rápido pueda expandirse la capacidad de producción y de cuán bien se reequilibre la demanda entre los distintos segmentos —IA, servidores, PC y teléfonos— que hoy compiten por el mismo chip.

¿Cuánto más cara es ahora la compra de equipos?

Las cifras varían según el segmento, pero todas apuntan en la misma dirección. Gartner proyectó en febrero de 2026 que el precio combinado de DRAM y SSD subiría alrededor de 130% hacia fin de año frente a 2025, lo que empujaría los precios de las PC un 17% y los de los teléfonos un 13% en el mismo período; la firma calcula además que la memoria pasará de representar 16% del costo de materiales de una PC en 2025 a un pico de 23%, y que la vida útil promedio de un equipo se extenderá 15% en empresas y 20% en consumidores, simplemente porque renovarlo cuesta más (Gartner). El analista Ranjit Atwal lo describió como “la contracción más fuerte en los envíos de dispositivos en más de una década”.

En el segmento empresarial y de servidores el golpe llegó antes y más fuerte: según la firma de análisis Context, Kingston, Micron y Samsung subieron en promedio 63% el precio de los módulos de memoria empresarial en Europa entre septiembre y diciembre de 2025, mientras que fabricantes de servidores como HPE, Lenovo, Dell y Cisco trasladaron alzas cercanas a 28% en ese mismo período, con el costo por gigabyte de SSD y disco duro subiendo entre 30% y 40% desde septiembre (The Register). A nivel de usuario final, el ejemplo chileno citado arriba —una memoria DDR5 que pasó de 55.000 a 200.000 pesos— muestra cuánto de esa inflación mayorista termina trasladándose, casi íntegra, al punto de venta.

¿Hasta cuándo va a durar la escasez?

Ningún analista serio habla ya de un problema de pocos meses. IDC estima que la escasez de DRAM y NAND podría prolongarse “hasta bien entrado 2027”, con escenarios que —en el peor de los casos— contraerían el mercado de teléfonos hasta 5,2% y el de PC hasta 8,9% durante 2026 frente al año anterior. Gartner, por su parte, advirtió que el primer semestre de 2026 era la “ventana crítica” para que fabricantes y canales ajustaran precios antes de que la inflación de componentes comprimiera los márgenes a partir del segundo trimestre; esa ventana ya se cerró, y los datos disponibles muestran que la presión sobre los precios, lejos de aliviarse, se profundizó. El dato más duro vino del propio sector: Lip-Bu Tan, CEO de Intel, dijo que no esperaba alivio en la escasez de memoria “hasta 2028”, según declaraciones recogidas por Bloomberg y reportadas por medios regionales como CNN Chile.

Para efectos de planificación, esto cambia la pregunta que debe hacerse cualquier gerencia: no es “cuándo volverán los precios a la normalidad”, sino “cómo operamos durante dos o tres años con un insumo de TI estructuralmente más caro y menos previsible”.

¿Cómo debe ajustar su empresa el presupuesto de TI?

La buena noticia es que esta no es la primera vez que una empresa debe gestionar un insumo escaso y volátil: los mismos principios que se aplican a materias primas o inventario funcionan aquí.

  • Extienda los ciclos de renovación, pero con criterio. No todos los equipos necesitan actualizarse cada tres años. Priorice la renovación de los puestos donde el rendimiento afecta directamente los ingresos (ventas, atención al cliente, desarrollo) y posponga la de equipos administrativos de bajo uso.
  • Especifique por necesidad real, no por costumbre. Comprar 32 GB de RAM “por si acaso” cuando el puesto solo necesita 16 GB es, en este contexto, mucho más costoso que hace dos años. Revisar las especificaciones estándar de compra —no las de 2023— puede ahorrar un porcentaje significativo del presupuesto anual de hardware.
  • Negocie contratos de precio fijo a mediano plazo. Varios distribuidores e integradores están ofreciendo acuerdos de 2 a 3 años con precio bloqueado a cambio de volumen garantizado. En un mercado donde el precio solo sube, fijar hoy el costo de las renovaciones de 2027 y 2028 es, en la práctica, una cobertura de riesgo.
  • Evalúe arrendar en lugar de comprar para equipos de alta rotación (laptops de ventas, equipos de proyectos temporales), trasladando el riesgo de valor residual al proveedor.
  • Incorpore el hardware crítico al pronóstico de caja a 13 semanas en lugar de tratarlo como un gasto imprevisto: si una renovación es inevitable en los próximos meses, es mejor anticiparla en el flujo de caja que absorberla de golpe.
  • Aplique la misma lógica del stock de seguridad a los componentes críticos —memoria, discos, equipos de respaldo para sistemas esenciales— cuando el costo de quedarse sin ellos durante una renovación de emergencia supera claramente el costo financiero de mantener inventario de más.

¿Qué cambia para las empresas de América Latina y España?

El golpe no es igual en toda la región, porque a la inflación de componentes se suma, en varios países, la exposición cambiaria. Una empresa mexicana que importa equipos facturados en dólares paga la doble presión del alza de precios en origen y de cualquier depreciación del peso frente al dólar; lo mismo ocurre en Colombia y en Perú, donde buena parte del parque de cómputo corporativo se importa. En Argentina, donde la gerencia ya tiene una disciplina —forzada por años de alta inflación— de renegociar contratos y anticipar compras antes de un alza, la lección de la escasez de memoria es menos una novedad que una confirmación: la planificación de compras en moneda extranjera no puede ser reactiva. En Chile, el ejemplo del comparador de precios citado arriba muestra que el fenómeno ya llegó al consumidor final, no solo a las grandes compras corporativas.

En España, la presión llega sobre todo a través de los distribuidores europeos, que —según The Register— ya trasladaron alzas de doble dígito a sus clientes empresariales desde fines de 2025; a eso se suma el IVA, que amplifica en términos absolutos cualquier aumento porcentual del precio base. Y en el mercado hispano de Estados Unidos, son las pequeñas y medianas empresas las más expuestas: a diferencia de una corporación grande, que puede negociar directamente con un fabricante, una PYME suele comprar al por menor, en el eslabón de la cadena donde el traslado de precios llega más rápido y más completo.

El denominador común, en los seis contextos, es el mismo: la compra de tecnología dejó de ser un rubro predecible del presupuesto y pasó a comportarse como cualquier otra materia prima volátil —combustible, metales, granos— que exige cobertura, anticipación y seguimiento activo, no una orden de compra anual que se repite sin revisión.

Una regla de tres décadas que ya no aplica

El supuesto de que la tecnología siempre se abarata fue, durante treinta años, una de las pocas certezas del presupuesto corporativo. La escasez de memoria de 2026 lo desmintió, y las proyecciones de IDC e Intel sugieren que la anomalía durará más de un ciclo presupuestario. La empresa que trate esto como un problema transitorio de compras probablemente pagará de más, con prisa, en el peor momento del ciclo. La que lo incorpore —desde ya— a su planificación de flujo de caja, a sus contratos con proveedores y a sus políticas de especificación de equipos, convertirá una presión externa en una ventaja de disciplina frente a competidores que sigan comprando como si fuera 2024. ¿Su próximo presupuesto de TI ya asume que la memoria seguirá cara en 2027, o todavía está calculado con los precios del año pasado?

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