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La economía de Venezuela después del terremoto

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La economía venezolana entró en una fase nueva después del doble terremoto del 24 de junio. No se trata de un colapso total, porque el petróleo, las exportaciones y parte del aparato urbano siguieron operando, pero sí de un cambio de régimen económico: el país pasó de una recuperación precaria apoyada en apertura parcial y petróleo a una economía de reconstrucción, con más inflación, más presión logística y menos margen para equivocarse.

Antes de los terremotos, la expectativa dominante era que 2026 fuera un año de crecimiento relevante. Ecoanalítica trabajaba con una previsión de PIB real de 9,8% para 2026, mientras otros análisis previos hablaban de rangos entre 7,4% y 10%.

La diferencia no es menor. Antes del terremoto, el problema económico venezolano era crecer poco y mal, sobre una base muy deteriorada. Después del terremoto, el problema es sostener actividad sin desordenar aún más precios, tipo de cambio, servicios públicos y condiciones sociales. Y esa es la verdadera ruptura del momento.

El dato más sólido finalizando julio de 2026 es el daño estructural directo en viviendas e inmuebles del orden de 12.000 millones de dólares, sobre un acervo nacional de edificaciones de 676.700 millones, con un cálculo de daños adicionales en infraestructura esencial entre 4.000 y 5.000 millones.

Pero la verdadera cifra de referencia no es el daño directo, sino el costo de reconstruir. Aplicando el criterio internacional de “reconstruir mejor”, analistas estiman una necesidad total de 26.000 millones de dólares. Dicho en lenguaje económico simple: Venezuela no enfrenta solo una tragedia humanitaria, sino una brecha de financiamiento enorme en un país con baja capacidad fiscal, acceso limitado al crédito y un Estado sin reputación financiera suficiente para administrar por su cuenta un proceso de esta magnitud.

Lo primero que cambió fue la composición del riesgo. Antes del terremoto, la economía venezolana ya cargaba con inflación alta, fragilidad cambiaria, deterioro eléctrico y consumo de baja calidad, pero el sesgo general era expansivo. Después del sismo, el sesgo es defensivo, con más gasto de contingencia, más reconstrucción, menos inversión de expansión y más peso de cuellos de botella físicos.

Lo tercero es que la reconstrucción no equivale automáticamente a desarrollo. Si bien es cierto que habrá más actividad en construcción, materiales, alquileres y ciertos servicios asociados, eso no significa una recuperación sana, porque parte de ese movimiento puede ser apenas reparación de daños y  no ampliación de capacidad productiva.

Petróleo, electricidad y oferta interna

El petróleo sigue siendo el principal amortiguador externo. Diferentes analistas coinciden en que la infraestructura petrolera no sufrió daños estructurales relevantes, lo cual permite que el sector siga funcionando como ancla de divisas y crecimiento.

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Sin embargo, de allí no se desprende que el petróleo haya quedado intacto en sentido económico amplio. Un sector petrolero sin daño directo puede igual verse afectado por fallas eléctricas, problemas logísticos, personal desplazado, interrupciones en servicios auxiliares y deterioro del entorno operativo.

Allí aparece la electricidad como restricción maestra. El daño en infraestructura eléctrica puede ubicarse en el orden de los 4.000 millones de dólares, claramente por encima de vialidad, agua y telecomunicaciones. Esa cifra refuerza una tesis que ya aparecía en nuestros análisis donde la recuperación económica venezolana depende más del sistema eléctrico que de cualquier otra variable económica. El dólar y el tipo de cambio importan… un país puede operar con un dólar caro, pero no puede hacerlo de manera estable con un sistema eléctrico disminuido y con disponibilidad limitada.

También la oferta interna quedó más expuesta. Los daños en puentes, calles, agua, telecomunicaciones y nodos logísticos del eje Caracas-La Guaira elevan costos de distribución, ralentizan tiempos de reposición y reducen eficiencia en comercio, manufactura y servicios. En un país donde la informalidad ya explicaba una porción muy grande de la actividad, cualquier interrupción física castiga más porque destruye coordinación y no solo activos.

Inflación, tipo de cambio y nivel de actividad

Antes del terremoto, la inflación ya era muy alta y la presión cambiaria seguía viva. Después del sismo, la discusión dejó de ser si habría inflación, para pasar a cuánto más se acelerará según el mecanismo de financiamiento de la reconstrucción. El análisis plantea con claridad dos trayectorias posibles:

  • Una ortodoxa, con inflación de 230%-250% y brecha cambiaria de 10%-15% a diciembre
  • Y otra heterodoxa, con inflación de 330%-360% y brecha de 30% si se financia la emergencia con emisión monetaria.

Aquí hay una advertencia importante para el lector empresarial. Puede haber un crecimiento estadístico algo mayor bajo el escenario heterodoxo de 6%-7%, pero sería un crecimiento engañoso, construido sobre más liquidez, más velocidad del dinero y más inestabilidad. En términos de gerencia, eso equivale a vender más nominalmente mientras se destruye previsibilidad, se encarece la reposición y se deteriora la contabilidad real del negocio.

El nivel de optimismo razonable

¿Hay razones para el optimismo? Sí, pero debe ser un optimismo disciplinado y no narrativo. Hay tres elementos que sostienen una mirada no derrotista: el petróleo sigue generando caja externa, existe interés multilateral y geopolítico en evitar el colapso venezolano y la reconstrucción puede activar sectores como construcción, banca, logística, ingeniería, materiales y servicios empresariales.

Sin embargo, ese optimismo tiene un techo bajo, si no se resuelven los problemas institucionales. La reconstrucción puede generar actividad, pero no necesariamente desarrollo. Puede elevar el PIB y al mismo tiempo empeorar la inflación, consolidar desigualdades territoriales y profundizar una economía donde unos pocos capturan contratos mientras el resto sobrevive con servicios frágiles y empleo precario.

Por eso el tono correcto no es ni euforia ni fatalismo. El futuro inmediato de la economía venezolana es de crecimiento inferior al esperado antes del terremoto, inflación persistente, consumo defensivo y reconstrucción como nuevo eje económico. El país puede evitar un colapso mayor, pero no va camino a una normalización rápida.

El peso de Estados Unidos

En este punto, el papel de Estados Unidos es determinante. Ya antes del terremoto existía una tutela directa sobre el reacomodo petrolero, financiero e institucional del país y la emergencia elevó todavía más ese peso.

No se trata solo de ayuda humanitaria o licencias, sino que se trata de que la velocidad, transparencia y credibilidad de la reconstrucción dependen en buena medida de si Washington respalda, condiciona o bloquea el acceso a activos externos, multilaterales y mecanismos extrapresupuestarios.

Desde el punto de vista económico, la presencia de Estados Unidos pesa por cuatro vías:

  1. Primero, porque sin su visto bueno es muy difícil acceder de forma ordenada a parte de los activos externos y al apoyo de organismos multilaterales.
  2. Segundo, porque la estabilidad del flujo petrolero sigue anclada a decisiones de política exterior y sanciones.
  3. Tercero, porque Washington opera como garante parcial de cualquier esquema de coadministración o fondo fiduciario para reconstrucción.
  4. Cuarto, porque su conducta política influye sobre la credibilidad de las reglas de juego que miran empresas, bancos e inversionistas.

El problema es que ese peso puede jugar a favor o en contra del desarrollo. Si se traduce en supervisión, disciplina fiscal y apertura a financiamiento transparente, puede evitar un nuevo ciclo de inflación descontrolada. Pero si la tutela se concentra solo en estabilizar petróleo, administrar activos y sostener un orden político ambiguo, la economía puede crecer algo sin cambiar de fondo, produciendo una reconstrucción material sin reconstrucción institucional.

Mirada final

La economía venezolana después del terremoto no quedó destruida, pero sí reordenada alrededor de una nueva prioridad: reconstruir sin desestabilizar todavía más el país. El petróleo sigue en pie, pero la electricidad, la logística, el capital humano y la capacidad financiera del Estado quedaron más expuestos.

Como economista, la conclusión es concreta: Venezuela todavía puede tener un futuro menos malo que su pasado reciente, pero ese futuro dependerá mucho menos del discurso y mucho más de tres variables. La primera es si se financia la reconstrucción sin monetizar el desastre. La segunda es si el país logra convertir la presencia de Estados Unidos en una plataforma de acceso a recursos y reglas, y no solo en una tutela de equilibrio. La tercera es si la reconstrucción sirve para rehacer capacidad productiva e instituciones, en lugar de limitarse a mover cemento sobre las mismas bases precarias de siempre.

Benjamin Tripier

Benjamin Tripier

Es Socio Ejecutivo y Presidente de la firma Nueva Tecnología de Negocios, C.A. Tiene más de veinte (20) años de trayectoria como Consultor Gerencial con amplia experiencia en proyectos, y en la conducción ejecutiva de operaciones de consultoría en grandes firmas a nivel nacional e internacional. Ha trabajado en importantes firmas de Consultoría y de Corporaciones Internacionales, tales como, Price Waterhouse y Ernst & Young, habiendo llegado en esta última a la posición de Socio.Ha actuado como "Chairman" de diferentes Comités Internacionales de Consultoría en firmas de Latino América y Estados Unidos. Ha manejado proyectos en las áreas de Estrategia, Tecnología de Información, Mejoramiento de Procesos, Finanzas y Control, así como de Gerencia del Cambio. Tiene gran experiencia en la construcción y análisis de modelos de negocios, tanto a nivel de procesos y reglas, como de datos y tecnología.Ha negociado y gerenciando proyectos de consultoría en fortalecimiento institucional financiados por organismos multilaterales. 1985-1999. En sus frecuentes visitas a Washington ha organizado eventos y presentaciones ante los oficiales del Banco Mundial y Banco Interamericano de Desarrollo. 1985-1992. Ha formado parte de grupos internacionales para manejar las relaciones de Latinoamérica y Venezuela con Organismos Multilaterales. 1991-1992.Tiene amplia y exitosa experiencia en la conducción de proyectos de consultoría gerencial de diferentes niveles de complejidad y extensión, incluyendo análisis de riesgo, apego a la visión e implantación de tecnología y de nuevos métodos de trabajo. Su experiencia incluye desde proyectos puros de desarrollo de sistemas, hasta proyectos integrados con cambio de procesos y tecnología, así como reorganización y redimensión de empresas.Ha trabajado intensamente en el área de finanzas y control, particularmente tesorería y operaciones bancarias, creando modelos de análisis y evaluación de riesgos en Venezuela y Estados Unidos , y diseñando las organizaciones y procesos de negocio para lograr la diferenciación competitiva de los bancos y empresas en los que ha trabajado. Ha diseñado e implantado organizaciones de control que garanticen cierres contables oportunos y de alta calidad y confiabilidad en la información.Ha trabajado activamente en el diseño e implantación de organizaciones de gerencia de proyectos de alto contenido tecnológico. Análisis de riesgo, generación de métricas, consolidación de proyectos. Ha desarrollado proyectos de auditoría de sistemas para más de cien (100) empresas en Venezuela y Colombia. Ha trabajado además desde un punto de vista de reestructuración de la gestión de Informática y Sistemas para varias Compañías de Seguros, varias Compañías de Tarjetas de Crédito, dos Empresas Cerveceras, varios Bancos y Empresas Manufactureras Nacionales y Multinacionales. Su área de especialización es estrategia de negocios y manejo del cambio, utilizando la tecnología de información aplicada a los procesos críticos y a la plataforma de información requerida para los alcanzar objetivos de negocios del cliente. Está altamente familiarizado con arquitecturas tecnológicas y de datos para diferentes tipos de negocios, de gerencia de proyectos y tendencias tecnológicas.En la Industria Petrolera Venezolana ha trabajado para Maraven, Lagoven, Pequiven y PDVSA en diferentes proyectos relacionados con la función de auditoría interna, diagnóstico crítico y análisis del sistema financiero, determinación de factores críticos de éxito para estructurar la información en el proceso de reorganización, y metodología para determinar los beneficios aportados por la tecnología. Condujo el proceso de implantación y masificación de la herramienta "CASE" Application Development Workbench en las empresas de Industria Petrolera Nacional Lagoven, Corpoven y PDVSA. Ha desarrollado un prototipo para Intevep utilizando OMW, herramienta CASE orientada a objetos. Para Ecopetrol desarrolló un prototipo basado en la herramienta OMW, para establecer el precio al público de la gasolina, según la ubicación geográfica de la fuente, de la red y del expendedor.Es charlista frecuente en temas de su especialidad y desde 1993 escribe una página semanal en el periódico de Venezuela Economía Hoy, llamada Tecnología de Negocios, además de contribuir en publicaciones de negocios. Durante diez (10) años escribió semanalmente una columna para El Diario de Caracas. Participó en un programa de televisión semanal sobre gerencia, en el canal ocho de Venezuela.

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